Expirado

Creatividad para que todos accedan a un trabajo digno

El Pastor Federico Schäfer, presidente de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, propuso medidas para la creación de lugares de trabajo y el fomento de la pequeña empresa y de micro emprendimientos, al presentar la sesión de la Cátedra Abierta.

Al presentar la 3ª sesión de la Cátedra Abierta sobre Responsabilidad Social y Ciudadana 2003 me referí brevemente a los fundamentos de la ética cristiana en relación a la responsabilidad social y ciudadana desde el punto de vista de la teología protestante. El año pasado al presentar la 4ª sesión de esta cátedra, enfaticé en el proceso de aprendizaje en el que nos debíamos involucrar al querer poner en práctica la responsabilidad social y ciudadana, y al diálogo al que debíamos concurrir todos los actores de la sociedad aportando cada uno desde su especialidad sus conocimientos y experiencias, en aras de construir una sociedad en la que todos pudiéramos sentirnos bien. En esa oportunidad mencioné también la necesidad de valorar el trabajo humano y creativo más allá de su rédito económico en el contexto de la maximización de las ganancias como móvil de la economía. 

Si nos remitimos a las primeras páginas de las Escrituras, el trabajo pareciera ser puramente castigo impuesto por un Dios justiciero. No vamos a negar que el trabajo implica esfuerzos y penurias, no sólo el trabajo corporal. No significa que a través del trabajo siempre tengamos la oportunidad de realizarnos como personas. El trabajo significa, sin duda, disciplina, cumplir horarios, levantarse temprano, hacer muchas veces lo que no nos gusta realizar. Aún en trabajos que realizamos por vocación, que hemos elegido porque nos gustan, hay facetas menos interesantes y tediosas. El trabajo puede incluir riesgos y hasta daños para la salud, etc. De aquí surgió la justificación por milenios de la esclavitud y el desprecio de los trabajadores encargados de tareas sucias y desagradables. 

De las páginas del Nuevo Testamento, sin embargo, nos anoticiamos de que Dios no es un patrón justiciero (si leemos con atención el Antiguo Testamento, vamos a encontrar también allí la misericordia de Dios). Sino un padre misericordioso, que quiere que los humanos tengamos una vida digna y que el trabajo no es más ni menos que la realización de una adecuada mayordomía de la creación, para que podamos sustentarnos de la riqueza que esa creación nos brinda. 

Cuando en presentaciones anteriores hablábamos de la responsabilidad que (al menos como cristianos) tenemos por el otro, por la sociedad en la que estamos colocados, el trabajo se convierte en un servicio al semejante, a la sociedad. El trabajo honesto es así un aporte al bien común y tiene por ello una dignidad especial: La dignidad de realizar lo necesario para el sustento del propio individuo y su familia y no ser un lastre para el conjunto y la dignidad de contribuir al bienestar del semejante y toda la sociedad. En este sentido el trabajo dignifica a la persona humana. Y es por ello que en tiempos modernos podemos hablar de que el acceso a trabajo es un derecho humano. 

La falta de trabajo para todos y todas, lo cual a esta altura de la civilización se ha convertido en un problema global, por el contrario -más que una bendición por eso de que el trabajo es un castigo- es un despropósito. Le quita la dignidad a las personas; y vemos a diario la degradación que esto produce, no sólo en personas aisladas, sino en franjas enteras de nuestras sociedades. En la primera generación empieza con depresiones, vergüenza, abandono del hogar, miseria y suicidio. En la segunda generación continúa con rotura de la cadena de transferencia de conocimientos mínimos, hambre, delincuencia y desprecio por la propia vida. Ante la falta de recursos para sustentar la vida se pierden los valores imprescindibles para una convivencia en paz y asistimos al "vale todo", a la venta de los propios cuerpos, a la ignorancia total para desenvolverse en la vida, el no poder pensar en el mañana, la exclusión de la sociedad. 

La falta de acceso a la educación que conlleva esta situación hace, obviamente, muy difícil la reinserción en la sociedad y en el proceso laboral. No hay conocimientos mínimos para servirse a sí mismo y menos para contribuir desde sí mismo al conjunto. Esto hace necesario que desde afuera de la situación del individuo o del grupo afectado sea menester ayudar -seguramente con mucho esfuerzo y tenacidad y desde todos los sectores de la sociedad- para revertir este proceso de degradación. Seguramente que esta situación no se arregla a base de discursos demagógicos y metodologías clientelistas. Muchas veces tampoco a base de puro voluntarismo, por mejor que este sea intencionado. El trabajo voluntario de muchas personas para paliar y revertir este problema merece elogio, pero también es necesaria la intervención profesional y la aplicación de conocimientos específicos. 

Sé que con esto no digo nada nuevo. Pero será necesario redoblar esfuerzos de parte de todos los actores de la sociedad que vemos el problema y somos conscientes de nuestra responsabilidad por esos excluidos, que también son seres humanos a los que Dios confirió dignidad, para lograr su reinserción en la sociedad. Medidas para la creación de lugares de trabajo deberán ir de la mano con medidas pedagógicas y educacionales; el fomento de la pequeña empresa y de micro emprendimientos necesita ser acompañado de formación en saberes y artesanías elementales y no tan elementales. 

Pero además de ello, habrá que encarar políticas que impidan la sobreexplotación de unos trabajadores a expensas de la desocupación de otros; la posibilidad de lograr jornadas de trabajo más cortas para una mejor distribución del trabajo de cara a la mecanización y automatización; el estudio de nuevas formas de imputación de cargas sociales para que esto sea posible y políticas impositivas que favorezcan la inversión productiva en desmedro de la inversión puramente especulativa, etc. 

Mucha creatividad, inventiva y fantasía será necesaria para lograr que todos los miembros de nuestras sociedades puedan acceder nuevamente a un trabajo digno y poder sustentarse con dignidad. Pero entiendo que para discutir posibilidades en esta línea es que creamos este foro. Dios quiera que nuestras ponencias y debates no sean en vano, no sean expresión de un mero hobby académico, sino que ayuden por un lado a crear conciencia y sensibilidad para el problema y por el otro a difundir conocimientos específicos para resolverlo, aunque más no sea en parte.

Expirado

Empresas en América Latina: Premios y castigos

Adolfo Sturzenegger, economista, profesor de la Universidad Nacional de La Plata y autor del documento sobre Indice de Responsabilidad Social Empresaria del Foro Ecuménico Social, propone organizar premios con adecuadas características, como paso para una certificación integral de Responsabilidad Social Empresaria.

Es para mí importante poder participar en estas cuestiones de Responsabilidad Social Empresaria en cuanto las mismas implican el tratamiento de aspectos morales, pudiendo además reflexionar y discutir sobre temas que trascienden los meros principios económicos y van hacia la sociedad en su conjunto. Por ello quiero agradecer especialmente esta invitación del Foro Ecuménico Social a participar como expositor en esta Cátedra.

Voy a plantear la importancia, pero también las limitaciones, que tiene la asignación de premios a empresas dirigidos a estimular el desarrollo de la Responsabilidad Social Empresaria (RSE). Sin embargo, antes me gustaría mencionar, en general, cómo se han generado la idea y los principios de la RSE, recordando también las limitaciones y problemas todavía no integralmente no resueltos para la aplicación concreta de esos principios.

La presentación más general de la idea de la RSE surge en las últimas décadas en forma natural. Se comienza reconociendo que la empresa para poder actuar como tal requiere imprescindiblemente de la sociedad. Esta le aporta a aquella un medio social que significa cosas esenciales para el desenvolvimiento empresario. Le brinda una estructura jurídica para poder llevar a cabo diferentes contratos, le da a la empresa un entorno laboral donde encontrar los recursos humanos, le da un entorno macroeconómico para el desarrollo de sus negocios, y le da un mercado para vender su producción. La realidad es que la empresa no es concebible sin la sociedad y sin ese entorno. Así vistas las cosas, es natural concluir que la empresa tiene como obligación mínima tener en cuenta esa sociedad, y que consecuentemente debe actuar con responsabilidad social.

De la idea anterior surgen los dos componentes básicos que debe desarrollar la empresa para cumplir con la sociedad, esto es, para actuar como empresa socialmente responsable. Primero, la empresa debe actuar como miembro integrante pleno de un Estado de derecho. En otras palabras, en su accionar debe cumplir con la letra y el espíritu de todas las leyes que tienen implicancias en tal accionar, como leyes laborales, fiscales, comerciales, regulaciones que existan sobre protección del medio ambiente, leyes de defensa del consumidor o de la competencia, normas legales que emiten las comisiones de valores dirigidas entre otros objetivos a lograr un alto nivel de ética en los negocios.

Sin embargo existe un segundo componente básico integrante del concepto de responsabilidad social empresaria. Este es que, bajo ciertas circunstancias, la empresa debería ir más allá de lo que dicta la ley y, más aún, más allá de la maximización de sus beneficios. ¿Por qué la sociedad está reclamando esta nueva exigencia social en el desenvolvimiento empresario? La principal fundamentación es que en nuestra sociedad actual existen múltiples problemas económicos, éticos, fiscales y jurídicos no resueltos, y que la acción de los gobiernos y/ o de las organizaciones no gubernamentales, que son quienes naturalmente deberían ocuparse de ellos, no resulta suficiente para lograr su solución. En la búsqueda de soluciones aparece, en diferentes circunstancias, que la empresa puede cumplir un rol estratégico, a veces insustituible, para alcanzar esas soluciones, y si esto es así, entonces la empresa debería ir más allá del solo cumplimiento de la ley, y más allá, de la maximización de sus beneficios si esto fuera necesario.

Ejemplifiquemos lo anterior. Una empresa, actuando dentro de la ley, cumple estrictamente con todas sus obligaciones tributarias y laborales, o sea satisface plenamente el primer componente de la RSE. Ahora bien, siguiendo el principio de la maximización de sus beneficios, compra sus insumos productivos con el proveedor que mejor satisface la ecuación económica de precios-calidad. Sin embargo detecta que tal proveedor evade parcialmente el pago de sus impuestos y que parte de su planta laboral trabaja “en negro”. En este caso, el segundo componente de la RSE le exige a esta empresa que, como mínimo deje de contratar con tal proveedor. En realidad, debería también denunciar la existencia de esa empresa incumplidora de la ley y de la ética de los negocios. Resulta claro entonces que si la empresa satisface ese segundo componente de la RSE, su accionar se ubica más allá del cumplimiento de la ley y más allá de la maximización de sus beneficios.

Ahora bien, la exigencia que la sociedad le impone a la empresa para cumplir con ese segundo componente de la RSE, presenta varios problemas, de los cuales los dos principales son la cuestión del Contenido y la cuestión de la Motivación.

Con relación al contenido la cuestión es la siguiente. ¿Hasta donde debe ir la empresa en el intento de cumplir con el segundo componente? ¿Cuáles son los límites para su accionar en tal sentido? Volviendo a nuestro ejemplo. ¿Cuánto tiempo y recursos debe gastar la empresa para denunciar situaciones de evasión tributaria, incumplimiento de la legislación laboral, o corrupción, en otras empresas? ¿Tiene la obligación de hacerlo sólo con relación a las empresas con las cuales tiene trato comercial?

Con relación a la motivación la cuestión se presenta así. ¿Cómo debe compatibilizar la empresa su interés (maximización de sus beneficios) con virtud (satisfacer el segundo componente de la RSE)? ¿Cuáles son los mecanismos para lograr esa compatibilización?

Nosotros, en el Foro Ecuménico Social, estamos propiciando la emisión de una certificación de la responsabilidad social de las empresas basada en un Indice especialmente diseñado, para que la sociedad tenga un dato transparente, bien definido y concreto acerca del comportamiento empresario, y de esta forma la sociedad sepa cuáles son las empresas que actúan en forma socialmente responsable. Tal cual está concebida esa certificación, los dos problemas anteriores, de contenido y de motivación, tienden a quedar resueltos. El de contenido porque ese Indice define qué se debe premiar y qué se debe castigar, y el de motivación porque la sociedad va a saber confiablemente a qué empresas premiar y a cuáles castigar, con lo cual ser socialmente responsable será un buen negocio empresario.

No existe todavía en el mundo una certificación semejante, en particular porque muchas empresas y organizaciones empresarias se oponen a ella. Entonces, ante esta negativa se van estableciendo metas intermedias para crear esa cultura de la RSE y para informar a la sociedad sobre cuáles son las empresas que están más cerca de cumplir con esta idea.

Tal vez uno de los avances más importantes haya sido el Global Reporting Initiative (GRI) que propone la exigencia de que las empresas presenten un triple balance, o sea que además del balance financiero convencional, se presenten un balance económico, uno ambiental y uno social, con los impactos de la empresa en estos tres últimos ámbitos.

También se ha avanzado en certificaciones específicas. Por ejemplo, en Europa se exige que los productos genéticamente modificados tengan una certificación y que las empresas informen claramente sobre las características biológicas de los mismos a quienes los utilizan.

Además se dan premios a la RSE, pero estos, no siempre, logran resolver en forma adecuada aquellos dos importantes problemas citados anteriormente. En general, son premios otorgados a acciones puntuales de las empresas, la mayoría de las veces acciones especialmente preparadas para ganar los premios que poco tienen que ver con una concepción amplia e integral de la responsabilidad social de las empresas. En este sentido, a veces estos premios pueden ser equívocos. Como cuando, por ejemplo, una empresa que fabrica armas se presenta y gana uno de estos concursos por una atractiva acción empresaria en el campo educacional o de la pobreza, pero que en otros aspectos la empresa no reúne las mínimas características para ser socialmente responsable.

Lo que tenemos que hacer es pensar la posibilidad de lanzar premios con adecuadas características, como paso intermedio para en un futuro tener una certificación más completa e integral de la RSE.

Esos premios deberían tener las siguientes características:

- Hacer una evaluación lo más integral posible de la empresa. Se debe tratar no de juzgar acciones individuales, sino acciones empresariales de contenido más amplio. Esto tiene sus problemas pero hace a la esencia de la RSE.

- Evaluar más positivamente aquellas conductas o acciones que efectivamente tienden a resolver situaciones donde existen verdaderos fracasos o imposibilidades del gobierno o del mercado. Esto es imprescindible. Si hay una cuestión donde el Estado o el mercado actúan eficientemente, no es necesario que la empresa también actúe. Por ejemplo, no se debe premiar a una empresa que actúa en un sector donde hay una ley de protección ambiental que funciona en forma correcta. En este caso el gobierno ha decidido la mejor forma de utilizar los recursos y no hay que premiar a la empresa que quiere ir más allá de la ley, ya que en esta oportunidad, si la ley es correcta, sería irresponsable socialmente hacerlo aunque se lo presente como una protección adicional de los recursos del medio ambiente.

- No se deben premiar aquellas acciones que responden al principio de la maximización de beneficios. Pese a ser beneficiosas socialmente, la maximización de los beneficios ya es suficiente incentivo. Un premio adicional a tal maximización es innecesario. - No se puede premiar a empresas que, por más que inicien importantes programas sociales, no tengan idoneidad para llevarlos a cabo.

Hay que tomar conciencia que crear una cultura ilustrada, profunda y correcta de la RSE es una tarea muy compleja. Tenemos que ser muy cuidadosos. Yo aliento al Foro y a otras instituciones a explorar, como solución intermedia de aproximación, el otorgamiento de premios empresarios. Pero con la salvedad de que deben ser -como dije- lo más integrales posibles, donde los dos grandes problemas de contenido y motivación puedan ser resueltos en forma razonable.

Expirado

El camino de la Argentina

Enrique Cristofani, Presidente del Banco Río, comentó las enseñanzas que le dejó recorrer el camino de Santiago, en España, haciendo una comparación con lo que debería suceder en la Argentina. Esta fue su ponencia:

Me han pedido que hable sobre un artículo que publiqué el año pasado, en el diario La Nación, que se llama “El camino de la Argentina”. Lo voy a comentar muy rápidamente. 

Yo creo que uno de los conceptos básicos que están en todas las peregrinaciones es que dan como fruto un ambiente de tolerancia entre los pueblos, entre la sociedad. Creo que ese es un concepto básico que a nosotros nos falta. Y vi tres enseñanzas básicas que me ha dejado el camino de Santiago, haciendo la comparación con nuestro país. 

En primer lugar la importancia de lo simple; en segundo lugar el trabajo en equipo; y en tercer lugar el tema de los objetivos, el tema de las metas. 

En cuanto lo simple, creo que nos faltan políticas de estado, y políticas de estado, en definitiva, yo lo relaciono con tener objetivos comunes. O sea, la forma simple de llamar a las políticas de estado es tener objetivos comunes. Yo creo que nos podríamos poner de acuerdo muy rápidamente de cuáles son las políticas de estado. Por ejemplo, si hay inflación al que más le pega es al que menos tiene, por lo cual creo que hemos aceptado la importancia de una inflación baja. Creo que también nos hemos dado cuenta de la importancia de tener un tipo de cambio competitivo con respecto al mundo, teniendo en cuenta que el tipo de cambio es uno de los referentes competitivos de la economía. Pero es solamente uno; el tema de la competitividad de la economía es mucho más complejo. 

También hemos aprendido sobre la importancia de combinar una economía que crezca una sociedad que crezca en su conjunto. En el Foro se hablaba muy bien de la importancia del empleo y yo creo que tenemos que mejorar muchísimo: tenemos un potencial para crecer en todo lo que tiene ver con el empleo y en otros conceptos básicos como la calidad de la educación, la calidad de la salud, la seguridad.

La combinación entre la economía y la sociedad es algo totalmente posible, por eso insisto en lo que decía antes: pueden ponerse estas políticas de estado en una hoja y la gran mayoría vamos a estar de acuerdo. Pero para eso tiene que haber dialogo, tiene que haber consensos básicos, que sean comunes para todos. 

El segundo aspecto es el trabajo en equipo. Somos una sociedad y una dirigencia que está acostumbrada al todos contra todos. Con esta política nos fue muy mal. Muchos miran con asombro cómo algunas veces nos interesa más tener razón que tener éxito. Hay personas que realmente prefieren tener razón y que al país le vaya mal y viceversa, o sea equivocarse y que al país le vaya bien. Esto es parte de nuestra indiosincracia y creo que es importante reconocerlo. 

Normalmente, además del todos contra todos, miramos para atrás en vez de mirar para adelante, y eso provoca revanchismo tanto a nivel político como a nivel del empresario. Hace un par de épocas se hablaba del tema del campo y de industria. La década pasada era industria o servicios, se discutía de sobre si generaba más empleo los servicios o la industria. Esta es una discusión obviamente ridícula. 

Acá nos interesa que a todos los sectores de la economía le vaya bien, que, en definitiva, todos subamos con un objetivo común. 

Y, hablando de objetivos, ese es el tercer punto. Obviamente, si uno quiere llegar a un lugar, lo primero que tiene que saber es a dónde quiere llegar, y creo que lo importante es que el presidente de política de estado diga cómo va a trabajar y si lo va a hacer en equipo; pero también debe decir a dónde quiere llegar, cuáles son los objetivos que tiene. En ese sentido creo que hace varias décadas que estamos perdiendo el tiempo con discusiones ideológicas, que nos han llevado donde estamos hoy. Por eso creo que es muy importante que dejemos de pensar en atajos y que en lugar de pensar en sucesos pensemos en procesos. Y en procesos dentro de un objetivo final. 

Entonces, en síntesis, estoy convencido de que tenemos un gran país, con un potencial de sus recursos humanos que sigue básicamente intacto, que no está ni condenado al éxito o ni al fracaso, que va depender de cómo lo gestionemos. Y, realmente, hasta ahora lo hemos gestionado muy mal. Por eso es muy importante que los ciudadanos empezamos a ser protagonistas y dejemos de ser meros comentaristas de la realidad.

Expirado

La inserción de los jóvenes en el mercado laboral

Norberto Lovaglio es vicepresidente Regional en el Cono Sur de Sudamérica de DHL Express, a cargo 7 países (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador). Esta fue su ponencia:

Les hablaré sobre el proyecto de DHL, una compañía alemana propiedad de Deutsche Post, el operador logístico más importante del mundo. DHL, presente en 226 países, es una compañía donde trabajan más de 250 mil personas.

Dentro de ese universo, me toca dirigir las operaciones en 7 países de Sudamérica. Me referiré al proyecto de la compañía en materia de compromiso con el mundo interno y con el externo, con la población interna y con la población externa.

Estoy convencido de que hay una crisis a nivel institucional, pero cuando se enuncian las instituciones críticas, muchas veces se deja afuera de ese listado a la institución empresa. Creo que hay un reto para empresarios y directivos de empresas para empezar a acercarse a la realidad de una manera distinta. Es por eso que en nuestra organización -que, sin ninguna duda, persigue fines de lucro- entendemos que hay una complementariedad absoluta en lo que es el beneficio económico de la organización con el beneficio económico de sus participantes y el desarrollo en conjunto de la comunidad.

En función a eso hemos desarrollado una serie de planes, entre ellos uno vinculado con el desarrollo de los jóvenes.

Para nosotros la educación es el eje más crítico y más débil de la herencia de los últimos quince años de crisis y, principalmente, de los últimos 5 años. Creemos que no hemos hecho todos aún el ejercicio de imaginarnos a la Argentina del 2020, cuando los chicos que hoy tienen cinco años tengan quince, con sus falencias en materia educativa.

Esa es una de las amenazas más importantes, en un país que siempre se jactó de desarrollar el intelecto de su población de manera distinta de la de sus vecinos. Y la parte del intelecto que debemos desarrollar es la que implica desafiarnos a nosotros mismos y pensar en el futuro. Por eso nosotros tratamos de mostrar a nuestra gente, a su núcleo familiar y a otros círculos sociales que rodean ese núcleo, que otro país es posible, en la medida que nos dispongamos a hacer las cosas necesarias para lograrlo.

Dentro de la empresa creemos que debemos agregar valor social, al mismo tiempo que generamos valor económico. Para eso es muy importante el marco corporativo. Por ejemplo, para nosotros es un orgullo que dentro de los siete valores corporativos, uno de ellos sea el de reconocer nuestra responsabilidad y actuar en consecuencia. Este ha sido un cambio que la compañía ha hecho en un proceso muy serio, donde redefinió sus valores e incorporó el tema de la Responsabilidad Social.

Este cambio involucró una gran movida cultural, que ha provocado que toda la organización, del primer al último integrante, empezara a considerar tan importante el tema de la responsabilidad social como el de su responsabilidad para generar valor económico.

El criterio que fundamenta esos principios es la coherencia entre el comportamiento y la ejecución hacia afuera y hacia adentro. De nada sirve hablar de Responsabilidad Social Empresaria y hacer acciones en el exterior de nuestra organización, si no empezamos por el interior de la misma. La primera responsabilidad que tenemos como empresarios es hacer crecer a los individuos que trabajan en nuestra organización. Esto no desmerece todas las acciones que uno pueda hacer con entidades que lo necesitan más que nadie en este momento.

Por otro lado hay un principio muy fuerte que es el de la participación. Si uno logra impulsar este tipo de acciones dentro del grupo humano que integra la sociedad y, a su vez, ese grupo humano se compromete voluntariamente, se genera una sinergia muy positiva, muy fuerte, que hace que la participación se multiplique.

Nuestra expectativa es que, una vez cubiertas las demandas del círculo interno, se generen acciones que trasciendan a la propia empresa. Intentamos impactar no sólo sobre los empleados sino también sobre sus familiares directos y, progresivamente, sobre el barrio, sobre la ciudad, etc. Ese es el proceso que estamos haciendo desde hace cuatro años.

Nosotros creemos que podemos contribuir a cambiar la realidad de nuestro grupo humano y, a partir de ahí, derramar y generar acciones que empiecen a impactar en la comunidad que nos rodea. Por eso lo que hicimos en el `99 fue poner el foco en el negocio, para luego ponerlo en el empleado, después en las familias y posteriormente en la comunidad. Para cada una de estas acciones, hubo un hecho concreto, un trabajo concreto, programas que se fueron cumplimentando uno a uno. Uno de ellos es la escuela de DHL.

La escuela nace en el año 2001. El objetivo era, inicialmente, fortalecer los conocimientos de la gente de la compañía, pero al ver la explosión del país en ese año decidimos extenderla a la comunidad.

Las metas son desarrollar el conocimiento de las personas que participen, conocer y comprender el mercado laboral actual, conocer y asimilar las exigencias técnicas requeridas por las empresas para una persona que tiene que reinsertarse laboralmente.

La primera etapa fue con los empleados, la segunda, con sus hijos y familiares mayores de 16 años, y la tercera etapa fue con estudiantes de los últimos años del secundario. La escuela, desde hace 4 años, brinda herramientas teóricas y prácticas, tiene una carga horaria precisa, aplica una metodología de trabajo para establecer los módulos teórico-prácticos -tanto los obligatorios como los técnicos- y apunta a la inserción de la persona en el mercado laboral. Asimismo intenta colaborar con los participantes para que logren identificar su orientación vocacional, afrontar su primer trabajo y, al mismo tiempo, les ofrece capacitación en módulos técnicos, como ventas, principio de marketing, computación, idiomas, comercio exterior, etc.

Algunos resultados de la escuela son:

§ Entre 100 y 150 participantes están cursando de 4 a 6 programas al año.

§ El 65% son empleados y el 35% son familiares de los empleados.

§ Se dictan 1600 horas de entrenamiento el último año.

§ Cuenta con 70 voluntarios.

§ Ha dado la oportunidad a diez personas que entraron a trabajar a la compañía y a doce que ingresaron a otras empresas.

Además prácticamente no hay profesores externos dentro de los 400 empleados que tiene DHL en Buenos Aires. Se fueron detectando lentamente grupos e identificando los entrenadores, empleados que simultáneamente hacen las veces de profesores de inglés, de computación, etc. Para finalizar me gustaría dejar en claro que el objetivo de generar rentabilidad y el objetivo de desarrollar personas van de la mano, si se hace honestamente y sin hipocresía. En nuestra empresa se incrementaron los salarios y los beneficios del personal, se mejoró el clima laboral, aumentó la inversión en RSE, y paralelamente se fue incrementando la rentabilidad de la compañía.

Es un círculo virtuoso: si se invierte en la gente, la gente devuelve con compromiso, devuelve con mejores prácticas y mejores habilidades, y eso produce –sin lugar a dudas- mejores resultados económicos en la organización toda.

Expirado

Los valores y perspectivas del trabajo humano

A continuación transcribimos la presentación Carlos Custer, miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano, ex embajador argentino en la Santa Sede, en la tercer sesión de la cátedra 2005 del Foro.

Siempre recuerdo el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que dice que los trabajos en diversas formas gozan de la protección de las leyes, las que aseguran al trabajador condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada, descanso y vacaciones pagas, retribución justa, salario mínimo vital y móvil, igual remuneración por igual tarea, participación en las ganancias de la empresa, con control de la producción y colaboración en la dirección. Y sigue el artículo. 

Esto no es ningún manifiesto sindical: es la Constitución Nacional, que enmarca lo que llamamos el deber y el derecho del trabajo. Hace poco se presentó en Buenos Aires el Compendio Social de la Doctrina de la Iglesia, y hay una parte muy importante referida a las relaciones económicas, la empresa, el trabajo, y los sindicatos. Es un material de consulta interesante que recupera y sintetiza la enseñanza social de la Iglesia, sobre todo las encíclicas de ese gran Pontífice Juan Pablo II. Particularmente hay una encíclica que se dedica al trabajo humano. En dos capítulos que tomé se dice que la relación entre trabajo y capital se realiza también mediante la participación de los trabajadores en la propiedad, en su gestión y en su fruto. El trabajo, por su carácter subjetivo, personal, es superior a cualquier otro factor de la producción. Este principio vale en particular con respecto al capital. 

Juan Pablo II distingue el trabajo subjetivo del objetivo del trabajo. El valor objetivo es lo que se produce: bienes, servicios. Es el fin del trabajo: producir algo. El Papa dice que hay un valor subjetivo, que es quién lo produce: el trabajador, y que es mucho más importante y prioritario el valor subjetivo que el objetivo. Este es un concepto realmente revolucionario: ver el trabajo no tanto por lo que hace sino por quién lo hace. Esto parte de una concepción antropológica y filosófica de la prioridad de la persona humana, de la dignidad de la persona humana. 

En esta rápida introducción conceptual aparece Jeremy Rifkin, con una de sus obras más famosas, que es "El fin del trabajo". Rifkin, Presidente del Instituto de Tendencias Económicas Internacionales de Washington, consejero del Presidente Carter en su momento, consejero económico, profesor en Harvard, dice que no nos hagamos ilusiones, porque por más que la economía mejore no va a haber trabajo. Es la realidad a la que nosotros hemos asistido en la década del 90, cuando estábamos eufóricos con el 1 a 1, la paridad, y la economía crecía, pero a la par crecía la desocupación. Yo me acuerdo que en marzo del ‘95 la desocupación, en el período de expansión económica, era del 18,5 %, y nadie entendía cómo un país que crecía tenía más desocupados. Y es porque no hay una relación directa entre la economía y la ocupación, aunque parezca mentira. 

Ciertamente que es bueno el crecimiento económico; es necesario pero no suficiente. Rifkin lo dice en su libro: la tecnología hace que se generen trabajos indirectos pero no va a solucionar el problema del trabajo, y, al contrario, tiende a excluir. La posibilidad de mayor empleo radica en las pymes, en la pequeña empresa, en el comercio, en los servicios, no en las grandes empresas. 

¿Y qué dice Rifkin sobre esto? Además de las medidas económicas, de aliento al crédito, de promoción de la pequeña y mediana empresa, él recupera lo que se llama el tercer sector. No va a haber trabajo tradicional para todos y, lo que es más grave, yo no creo que haya democracia ni estabilidad si no hay trabajo. ¿A qué se refiere? A que hay que revalorizar el trabajo más allá del rendimiento estrictamente financiero y del capital. Va a haber trabajo que no dará rendimiento financiero, pero va a dar inversiones sociales. Pongo como ejemplo el sistema belga. Ahí el ama de casa recibe un sueldo por ser su condición.

Los franceses buscaron alguna forma muy discutida de reducción de jornada de trabajo. Dijeron: “Señores, si hay poco trabajo, repartámoslo”. No es cuestión de que algún obrero trabaje ocho horas y quizá tenga que hacer dos horas extras, que no siempre se las pagan, pero lo hace porque tiene que asegurar la continuidad del trabajo, mientras que hay otros que no tienen trabajo. Entonces creo que esta creatividad es muy importante. Los belgas tienen un puesto que se llama animador de jóvenes. Es un nuevo trabajo, hombres de entre 25 y 30 años son entrenados para ir a recuperar a la juventud que, aún en los países desarrollados, está en los barrios periféricos. 

Cuando la Central de Trabajadores Argentinos tuvo la idea de lo que luego fue el Plan Jefas y Jefes de Hogar, lo llamó Programa de Empleo y Formación, porque nunca a los trabajadores ni a los sindicatos les gusta hablar de seguros de desocupación, porque es lógico que lo que la gente quiera es trabajo. Se ha deformado la mentalidad y se ha acostumbrado al subsidio. Pero la gente por dignidad quiere trabajo y la posibilidad de progresar y mejorar, y no quedarse enterrado en un subsidio de $150. Por este caso fuimos a hablar con el presidente De la Rua que dijo que la idea era fantástica pero que no había cómo financiarla. La verdad es que si el Estado en el año 2000 hubiera invertido más, se hubiesen ahorrado muchos más gastos después. Argentina no puede estabilizarse con 10 millones de pobres. País que a su vez es el primer exportador de alimentos per capita del mundo. Es un contrasentido que no puede arreglar el mercado. Además de ser una injusticia, es una barbaridad, porque la propia regla del capitalismo es que si no hay trabajo, no hay economía capitalista. No es sólo un problema de justicia, de equidad; se trata de incorporar nuevos consumidores, porque si no aumenta cada vez por el impulso tecnológico la capacidad de oferta, termina disminuyendo la demanda. 

Gran capacidad tecnológica, gran crecimiento económico, cada día la ciencia avanza más y deja como resultado una situación que es, cuanto menos, para quejarse. Hubo una enorme desvalorización del trabajo. Estoy en contra de los fundamentalistas del mercado, porque creo que el mercado es necesario, conveniente e imprescindible, pero además existe la subcultura de que el que trabaja es un gil, como dice el tango, o, como dice algún político renombrado, que la plata no se hace trabajando en este país. 

La financiación de la economía, la especulación, los capitales golondrina, además de nuestra responsabilidad, la de los políticos, empresarios y sindicalistas, todo eso hizo de un país rico un país pobre, porque además se desvalorizó mucho el trabajo. Y lo que también es grave es que nosotros estamos frente a una generación en la que muchos no han visto trabajar a los padres, que ha perdido la cultura del trabajo y que, en un ámbito de enorme inseguridad, prefieren cobrar el seguro y no ir a hacer una changa en una obra de construcción. 

Es nuestro el esfuerzo, superando las doctrinas neoliberales que pensaron que el mercado lo iba a arreglar todo. La Argentina tiene que ir hacia una gran política de consenso, como sucedió en otros países, como España, Bélgica y Francia, por ejemplo. El conflicto social es permanente y la distribución del ingreso, de la renta, va a ser siempre una cuestión en discusión. La pregunta es cómo podemos crear esa cultura de diálogo: hablar, escucharnos y buscar algo que es clave también en el pensamiento cristiano. Es importante que seamos capaces de armonizar en función de los intereses de nuestro pueblo un desarrollo justo y solidario de las riquezas que tenemos, ya que tenemos una potencialidad enorme. Lo que nos falta es sentarnos, dialogar, escucharnos, defender identidades e intereses, para buscar el bien común.

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