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La confianza en el proceso de enseñanza-aprendizaje

Gonzalo Verdomar Weiss (BBVA Banco Francés) presentó una investigación que parte de la premisa que la confianza es fundante en la construcción del pacto social que permite desarrollar una sociedad.

Se buscó detectar las funciones y disfunciones que genera la presencia o ausencia de confianza dentro del proceso de enseñanza - aprendizaje. Para eso la Fundación Banco Francés le encomendó a la Fundación Grupo Sophia un relevamiento que describe las relaciones de confianza que se construyen dentro del ámbito escolar, entre los alumnos, los padres y los docentes. 

Principales resultados

Los principales resultados que alumnos, docentes y padres señalaron sobre los vínculos de confianza fueron:

Opinión de los alumnos

- Lazo de confianza: confían en una persona si es honesta y respetuosa (38%)

- Influencia: si la persona es conocida y te cae bien los alumnos confían mucho (66%)

- Relación más próxima: confían mucho en sus padres (84%)

- Representaciones sociales: confían principalmente en los Derechos Humanos (41%) y en los representantes eclesiásticos más que lo que confían los docentes y los padres (23%, 20% y 18% respectivamente)

- Presupuestos de confianza (padres): creen que sus padres confían en ellos si como hijos son honestos y respetuosos (46%)

- Presupuestos de confianza (docentes): creen que sus docentes confían en ellos si como alumnos se comprometen con el estudio (35%). 

- Relación con los docentes: confían en sus docentes si éstos tienen predisposición y dedicación (39%)

- Alteración de la confianza: el compromiso social, la participación política y la actuación sindical no modifican la confianza de los alumnos en los docentes (62%)

- Pérdida de la confianza: se daña el vínculo de confianza si los docentes enseñan con malos modos (91%) y si mienten o agraden (97.5%) - Efectos negativos: si no confían en los docentes los alumnos no tienen ganas de asistir y participar en clases (29%)

- Efectos positivos: si confían en sus docentes los alumnos tienen ganas de participar en las actividades de la escuela y ganas de estudiar (40%)

- Trascendencia de confiar: el vínculo de confianza con el docente repercute en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en el clima dentro del aula (75%)

Opinión de los padres

- Lazo de confianza: confían en una persona si es honesta y respetuosa (60%), al igual que la opinión de los alumnos

- Influencia: si la persona es respetuosa los padres confían mucho (87%)

- Relación más próxima: confían mucho en sus hijos (93%), en correlación a la opinión de los alumnos

- Representaciones sociales: confían principalmente en los Derechos Humanos (42%), al igual que la opinión de los alumnos 

- Presupuestos de confianza (hijos): consideran que sus hijos confían en ellos si como padres son honestos y respetuosos (31%), atributo también destacado por los alumnos hacia sus padres - Presupuestos de confianza (docentes): consideran que los docentes confían en ellos si como padres se preocupan por la educación de sus hijos (32%). 

- Relación con los docentes: confían en los docentes si éstos son honestos y respetuosos (28%)

- Alteración de la confianza: el compromiso social, la participación política y la actuación sindical no modifican la confianza en los docentes (60%), al igual que la opinión de los alumnos

- Pérdida de la confianza: se daña el vínculo de confianza si los docentes enseñan con malos modos (97%) y si mienten o agraden a ellos o a sus hijos (99.5%), al igual que la opinión de los alumnos

- Efectos negativos: si no confían en los docentes los padres se desilusionan (23%)

- Efectos positivos: si confían en los docentes los padres manifiestan tranquilidad al sentir que sus hijos reciben una buena educación (33.5%)

- Trascendencia de confiar: el vínculo de confianza con el docente repercute en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en el clima dentro del aula (90.5%), al igual que la opinión de los alumnos

Opinión de los docentes

- Lazo de confianza: confían en una persona si es honesta y respetuosa (60.5%), al igual que la opinión de los alumnos y los padres

- Influencia: si una persona es respetuosa los docentes confían mucho (87.5%), al igual que la opinión de los padres

- Relación más próxima: confían más en sus amigos (87%) y su pareja (75%) que en sus alumnos (53%)

- Representaciones sociales: confían principalmente en los Derechos Humanos (54%), al igual que la opinión de los alumnos y los padres

- Presupuestos de confianza (alumnos): consideran que sus alumnos confían en ellos si como docentes son honestos y respetuosos (36.5%). 

- Relación con los alumnos: confían en sus alumnos si éstos también son honestos y respetuosos (41%)

- Presupuestos de confianza (padres): consideran que los padres confían en ellos si como docentes son honestos y respetuosos (26%), atributo también destacado por los padres hacia los docentes

- Presupuestos de confianza (otros docentes): consideran que otros docentes confían en ellos si como docentes son responsables (32%). 

- Relación con otros docentes: confían en otros docentes si éstos son honestos y respetuosos (38%)

- Alteración de la confianza: el compromiso social, la participación política y la actuación sindical no modifican la confianza en otros docentes (67%)

- Pérdida de la confianza: se daña el vínculo de confianza hacia otros docentes si éstos enseñan con malos modos (97%) y si mienten o agraden a los alumnos (99%). Se daña el vínculo de confianza hacia los alumnos si éstos últimos mienten o agraden a los docentes (92.5%).

- Efectos negativos: si los docentes no confían en otros docentes se desilusionan (31%). Si los docentes no confían en los alumnos también se desilusionan (37%)

- Efectos positivos: si los docentes confían en otros docentes tienen ganas de trabajar y de participar en las actividades de la escuela (37%). Si confían en los alumnos también tienen ganas de trabajar y se sienten respetados (39%)

- Trascendencia de confiar: el vínculo de confianza con otros docentes y con los alumnos repercute en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en el clima dentro del aula (86%), al igual que los alumnos y los padres.

Relevamiento y organización de la información

La información se relevó y organizó en cuatro dimensiones de análisis. 

1 Los atributos para confiar según los alumnos, los padres y los docentes: ¿qué despierta la confianza? 

Indaga sobre los atributos que una persona debería tener para que se confíe en ella. Luego se preguntó cuanto se confía en amigos, compañeros, familiares y cuanto en lo que se denominó como “intangibles” (democracia, derechos humanos, justicia y otros). Por último, se analizaron las características que docentes, padres y alumnos valoran para confiar entre ellos. 

2 La confianza en los docentes: ¿en qué docentes confío y en cuáles no? 

Analiza las características que los docentes deberían tener para que se confíe en ellos; los aspectos positivos de construir este vínculo de confianza; las razones por las cuáles puede perderse esta confianza; y qué impactos genera esta pérdida. 

3 La confianza del docente en sus alumnos: ¿en qué alumnos confío y en cuáles no? Recupera la lógica anterior pero sobre los alumnos. 

4 Mitos y realidades sobre los vínculos de confianza. 

Testea frases sobre los vínculos de confianza en el proceso de enseñanza-aprendizaje, buscando el acuerdo o desacuerdo tanto de alumnos, docentes como de padres.

Conclusiones generales

1 La honestidad y el respeto son las características principales por las cuales alumnos, padres y docentes confían en otra persona. Los adultos le otorgan una mayor valoración a este atributo que los adolescentes (60% padres, 60.5% docentes y 38% alumnos). 

2 La relación entre padres e hijos es la que despierta el mayor nivel de confianza (84% padres y 93% alumnos). La relación entre docentes y alumnos registra menores porcentajes de confianza. Mientras que el 53% de los docentes dijo confiar mucho en sus alumnos, sólo el 18% de éstos señaló confiar mucho o bastante en sus profesores. 

3 Los alumnos, padres y docentes confían más en los “vínculos interpersonales” (relación entre los alumnos, los padres y los docentes) que en los llamados “intangibles” (siendo los derechos humanos el que mayor porcentaje obtuvo frente a la justicia o los dirigentes políticos, entre otros).

4 El compromiso social del docente (participar en actividades comunitarias dentro o fuera de la escuela) no influye significativamente para establecer o perder un vínculo de confianza hacia ellos (64% de los encuestados no modifica su nivel de confianza frente al compromiso social de los docentes).

5 La relación de confianza entre alumnos, padres y docentes se basa en la honestidad y el respeto. 

6 La confianza en los docentes se pierde si éstos enseñan con malos modos, si agraden y mienten. Asimismo, la confianza de los docentes hacia sus alumnos también se pierde si agraden y mienten a sus profesores.

7 La pérdida de confianza en los docentes impacta para los adultos, en primer lugar, en la esfera emocional: se desilusionan. El segundo efecto para ellos y el primero para los adolescentes es la debilidad del compromiso con la institución escolar: falta de ganas de los padres de asistir a las reuniones del colegio, de los docentes de asistir a su trabajo y de los alumnos de asistir y participar en clase. 

8 El principal efecto positivo de confiar en los docentes y en los alumnos es el fortalecimiento del compromiso con las actividades de la escuela.

9 Los alumnos, los padres y los docentes coinciden en que los vínculos de confianza “ayudan al proceso de enseñanza-aprendizaje” (83%) y a “mejorar el clima educativo” en general (82%). 

Ficha técnica

Esta medición se realizó entre el 12 de junio y el 7 de julio de 2006. Consistió en un relevamiento de 312 casos en 68 escuelas medias de la Ciudad de Buenos Aires (33 públicas y 35 privadas). El trabajo de campo que, de acuerdo a los criterios estadísticos clasifica a la muestra como no representativa, encuestó a 104 alumnos, 104 padres, 104 docentes (segmentados a su vez por: tipo de escuela —pública, privada laica y privada confesional— y lugar de residencia —cordones norte, centro y sur).

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Fomentar la confianza entre los empresarios y los académicos

Jorge Ader, presidente del Consejo Asesor del Centro de RSE y Capital Social (Facultad de Ciencias Económicas - UBA) y titular de TASA Logística, dijo que durante muchos años hubo prejuicios encontrados. Esta fue su ponencia.

He trabajado toda mi vida como empresario y como profesor universitario. Por eso me parece fundamental rescatar el llamamiento del padre Jean-Yves Calvez de fomentar la confianza entre estos dos sectores.

Cuando hablo de mi tarea empresaria hablo de la enorme responsabilidad, satisfacción y el enorme compromiso de ser miembro de una empresa familiar, que tiene 70 años de vida y ya va por la tercera generación y a la que le adjudico mucha importancia. Y la misma importancia le adjudico a la familia contemporánea. 

Creo que en esta sociedad uno de los elementos que nos permiten generar expectativas serias de paz es precisamente la familia y que hay una suerte de acuerdo ecuménico en que la familia es la alternativa para que los seres humanos podamos respetarnos más, es un punto de partida insoslayable para que podamos convivir mejor.

He tenido la oportunidad de vivir intensamente la realidad de una empresa familiar. Como ustedes saben cerca del 70 % de las empresas familiares desaparecen cuando hay un reemplazo generacional. Que las empresas familiares sobrevivan por períodos largos es un compromiso grande y exige un gran esfuerzo. Fundamentalmente requiere confianza y que se mantengan sus componentes éticos, vinculados con la profesionalización permanente a la que el mundo de los negocios contemporáneos nos lleva.

Estoy hablando de un tipo de empresas que requiere un modelo de familia en la que los valores son importantes y donde la confianza es resultado de la cotidianeidad en la que se ejerce, con la humildad de los seres humanos, una suerte de justicia que se genera no sólo en los ámbitos familiares sino también en los empresarios. 

La empresa familiar es un ámbito muy interesante que no solamente pone a prueba el desafío permanente de ejercer la confianza, sino que seduce a que uno lleve este tipo de vínculo. Pero ¿qué es la confianza? Es el respeto por el otro. Si uno no asume la presencia del otro, uno no existe. 

Y la confianza es precisamente jerarquizar la presencia del otro, que, por supuesto, se vuelve particularmente relevante en el mundo de los negocios. Porque la empresa es un lugar muy importante para portarse bien. Es un ámbito de un enorme desafío y de un enorme compromiso. Desde un punto de vista profesional, la empresa familiar debe ser un ámbito de enorme exigencia, pero con un componente de confianza fundamentada, que no surge solamente de las relaciones sanguíneas, sino del compromiso de formar parte de esta institución contemporánea, que sirve como trinchera, que es la familia.

No es fácil generar confianza. Son muchos años de prejuicios encontrados, muchas veces desde el ámbito educativo, donde genéricamente se critica al empresariado e injustificadamente se critica el afán de renta que tiene el empresario. El empresario tiene un afán de renta razonable. El error es considerar que es su único objetivo y que esa renta le pertenece en su totalidad. Es su responsabilidad también ser artífice de la distribución de esa renta. Si nosotros lográsemos fomentar la confianza entre los sectores empresarios y los académicos, en el mundo de los negocios estaríamos generando un efecto multiplicador en la generación de riquezas, en ámbitos tan necesitados en la Argentina de hoy.

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El rol de los líderes de la empresa en la generación de confianza

Norberto Lovaglio, vicepresidente Regional en el Cono Sur de Sudamérica de DHL Express, a cargo 7 países (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador), habló en la Cátedra del Foro. Estas fueron sus palabras.

Esta es una etapa en la que, desde la institución empresa, debemos hacer una autocrítica y debemos evaluar cuál es la conducta de los empresarios el día de hoy, cómo hacemos para construir confianza en esta sociedad, cómo podemos aportar para ello, cómo podemos aportar para un pacto social. 

Vivimos en un país donde se habla de la crisis de las instituciones, de la institución política, de la sindical, etc. Pero no se habla de la institución empresa, que yo creo está también en crisis; pero en una crisis renovadora, ya que la sociedad merece encontrarse con un modelo de empresa que privilegie cada día más lo social, en un país que viene de muchos golpes, y se debe contar a la empresa como uno de los elementos transformadores de la sociedad. 

La confianza es un elemento, un activo, que debería tener una compañía a la hora de pretender ser responsablemente exitosa. Por eso hemos realizado una investigación que mide el nivel de confianza en las instituciones por parte de las sociedades de diferentes países. Y en la sociedad argentina, la empresa privada tiene el 33% de aceptación, luego de algunas instituciones muy sólidas, que brindan mayor confianza, como educación, Iglesia y ONG. Si lo comparamos con otros países, vemos que el porcentaje argentino es significativamente menor al del resto. En Brasil el nivel de confianza es del 52%, en Venezuela del 54%, en México del 56%, y en promedio a nivel latinoamericano es del 52%. 

Entonces se entiende que hay una demanda mayor en la Argentina, con expectativas de mejora hacia la institución empresa, que en otros países de Latinoamérica. 

Los resultados que pueden arrojar este tipo de encuestas, surgen a partir de la conducta de la empresa hacia fuera y hacia adentro. Hacia afuera con sus clientes, sus proveedores, el Estado, con la comunidad; y hacia adentro, con su comunidad interna, que son sus empleados y accionistas. 

Yo voy a referirme en esta oportunidad a cómo puede la empresa tener un impacto positivo en la confianza de la sociedad a partir de lo que invierte en su comunidad interna, en sus empleados. 

Si buscamos la importancia del factor confianza, podemos referirnos a Jack Welch, que fue uno de los más importantes CEOs de los Estados Unidos en los últimos 30 años. Él decía que el factor confianza es algo enormemente poderoso en una organización y que la gente no pondría todo su esfuerzo sin ese factor. Por eso, hoy por hoy, se considera el factor confianza como el mayor desafío de los líderes de una organización. 

Aquí me gustaría retomar el concepto de Jean-Yves Calvez, que se refirió a cómo se resalta la figura de los empresarios duros, y que parecería que ese es el modelo del empresario exitoso, Jack Welch, fue un empresario muy duro y fue muy exitoso, en una sociedad muy diferente a la nuestra. Dicen que Welch tenía como norma revisar la nómina del personal de su organización todos los años, y reducirla -sistemáticamente y en forma cuasi estandarizada- entre un 5 y 10 % anual. 

Le fue muy bien en términos de negocios. 

No sabemos si le fue tan bien en términos personales. 

Y lo que estoy seguro es que para el tipo de país en el que estamos viviendo, esos líderes, cruentamente exitosos, no son los que la sociedad está esperando. Es una sociedad en la que lo emocional tiene que ser cada vez más tenido en cuenta y donde el liderazgo no pasa simplemente por la capacidad de las personas en términos intelectuales, sino también por la capacidad de las personas de entender al otro, y el costado emotivo que ello implica. 

La pregunta es, entonces, por qué el factor confianza es tan importante y de qué manera pueden los líderes construir confianza. 

En tiempos de incertidumbre y cambio, la confianza interpersonal promueve la creatividad, el manejo del conflicto, el empowerment de la gente, el trabajo en equipo y el liderazgo. Y vuelvo a repetirlo: una cultura basada en la confianza es un activo para las empresas capaces de desarrollarlo. Y para eso hay un eje que se debe desarrollar, que son los círculos de confianza, que bien mencionaba el Dr. Larocca, donde está la persona, las relaciones entre las personas, y entre éstas y la organización. 

Hay un eje sumamente importante, que es el que conecta la credibilidad con la confianza y el compromiso. Lo más difícil es ser creíble para la gente que trabaja con uno y la construcción de esa credibilidad es la que va a ser que el líder tenga éxito en la interacción con sus empleados. De allí que para la construcción de confianza lo primero que hay que construir es credibilidad ante nuestro pares y ante los miembros de nuestra organización. 

Si conseguimos esa credibilidad hemos de conseguir seguramente la confianza de los miembros de la organización, y el resultado final de esa confianza es el compromiso de la gente. Por que de alguna manera el compromiso es el hecho concreto que vamos a lograr poner en funcionamiento a partir de la confianza entre las personas. 

Si nos preguntamos qué acciones de la empresa promueven la confianza dentro de la organización, hay que lograr una comunicación abierta, o sea una política de puertas abiertas que no quede en el discurso solamente; invertir en los empleados, en términos de entrenamiento y desarrollo, dando beneficios que estimulen el desarrollo de los empleados y de sus familias; brindar estabilidad laboral, ya que los empleados invierten gran parte de sus carreras, de su identidad psicológica y de su vida personal en las organizaciones para las que trabajan, por lo que todo intento de reducir la inestabilidad hará de esas personas mejores profesionales; y comportarse de manera responsable ética y socialmente. 

Hay muchísima gente que está trabajando muy fuerte con el tema de la Responsabilidad Social Empresaria y otros tantos que lo hace por conveniencia y para la foto. Entonces, estamos en un momento intermedio en el que como grupo, con organizaciones, como el Foro Ecuménico Social, podemos colaborar para que esto sea realmente virtuosismo y no interés. 

Como dije anteriormente, son los líderes en el ámbito interno de la organización los primeros responsables de construir confianza. Y de los factores que coadyuvan a este objetivo uno fundamental es la integridad. La simple demostración de honestidad es clave para mostrarse confiable, y mediante la confiabilidad el líder aparece con la autoridad sin necesidad legal de control y a partir de ahí su gente lo empieza a tomar como líder. 

Otro factor es la confiabilidad. El directivo es confiable, es responsable y estable; sus acciones son congruentes con los principios y valores que abrazan. Le demuestra confianza al otro y esa demostración de confianza en el otro permite recrear una suerte de círculo virtuoso de confianza mutua, es como un ida y vuelta. 

Otro factor es la justicia. Esto significa tomar decisiones imparciales, y requiere tener una alta dosis de empatía, manejar las percepciones de los demás, para ponerse claramente en el lugar del otro. 

Es también importante la lealtad, ya que un líder confiable muestra a través de sus acciones que está predispuesto a proteger o defender a los miembros de su equipo, ante errores o en tiempos de crisis. 

Asimismo hay que considerar el interés en el otro, ya que la sensibilidad para manejar la situación que vive el otro es lo que hace que el líder logre tender un puente con las personas y pueda recrear un clima de confianza. 

También se debe tener en cuenta la competencia. Los líderes confiables cumplen su rol de manera competente. La gente de una organización no va a depositar su confianza en un líder simplemente por que los cuide y sea respetuoso, sino que identifica al líder competente y es por eso que la competencia termina siendo un factor clave de la confianza. 

Los directivos de las organizaciones deben cambiar, reinventarse todo el tiempo, adaptarse, aceptar y capitalizar los errores, estructurar nuevos roles, nuevas relaciones para sus equipos y para sí mismos. 

Deberán desarrollar la intuición, caminar por los pasillos de su organización, conversar con su gente todo el tiempo y deberán, sobre todo, construir credibilidad entre sus pares. Porque cuando los miembros de un equipo confían entre sí y están unidos, elevan la calidad de sus decisiones, sus resultados y la calidad de vida de sus integrantes.

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Confianza y Creación de Valor

Claudio Muruzábal, CEO de Neoris, analizó el factor confianza desde el punto de vista de una micro–empresa, organización o familia, y no tanto en lo que se refiere a su impacto en la sociedad en general. En esta página transcribimos sus palabras.

En esta presentación analizaremos el factor confianza desde un punto de vista micro–empresa, organización, familia, y no tanto en lo que se refiere a su impacto en la sociedad en general, que ha estado muy bien cubierto por los otros panelistas.

Veamos cómo opera el factor confianza teniendo en cuenta el funcionamiento interno de una empresa y cómo impacta este factor a nivel de las interrelaciones que existen entre las personas que participan de una organización compleja.

En organizaciones con objetivos económicos, la confianza en definitiva genera valor que se expresa en términos económicos. No sólo hablamos de beneficios para la empresa y sus integrantes, sino del efecto dinamizador dentro la sociedad a la cual pertenece.

Me parece un buen punto de partida reflexionar sobre la definición más elemental de confianza, partiendo de lo que enuncia el diccionario de lengua española de Espasa Calpe SA en su edición del 2005. Define confianza como la esperanza firme o seguridad que se tiene en que una persona va a actuar o una cosa va a funcionar como se desea. Agrega, seguridad en uno mismo o en las propias cualidades, ánimo, decisión o valor para obrar, familiaridad en el trato. Aquí hay tres conceptos para construir el modelo psicológico que ocurre dentro de una organización y que caracterizan el factor dinamizador de la confianza.

El primero es el concepto de la esperanza firme o seguridad que se tiene en que una persona va a actuar o una cosa va a funcionar como se desea, y parte de la seguridad de uno mismo o en las propias cualidades, ya que es imposible tener esperanza en lo que va a hacer el otro si no comienzo por tener confianza en mí mismo. Y luego hay un factor de familiaridad en el trato, que es importante en la construcción de este modelo.

Está claro que ha habido un abuso muy importante alrededor del concepto de la confianza. Hubo abuso en el término y en el uso; sólo haciendo una búsqueda en Google aparecen casi 23 millones de respuestas sobre lugares donde se habla del tema. Además, en la actualidad, hay 154 libros en venta y 27 CDs que tienen en su título el tema de la confianza. Recurro a esto por que creo que la definición de este concepto debe ser utilizada en el medio y la medida adecuada.

Regresemos entonces a la confianza como la esperanza firme y la familiaridad. Si queremos esperanza firme y familiaridad tenemos que partir en tener confianza en nosotros mismos.

Enfocándonos una vez más en el ámbito empresario, veo que me va a costar mucho poder interrelacionarme con mi prójimo, con aquel con el que tengo que trabajar todos los días, si no empiezo por tener en claro quién soy, cómo actúo, cuáles son mis capacidades y cuál es mi aporte a la organización y a mis pares. De ahí parte cualquier intento de construcción de confianza en cualquier organización compleja, sea empresaria o no.

Decimos entonces que la confianza nace desde dentro de nosotros. “La confianza es el convencimiento que alcanzamos sobre nuestras capacidades y cualidades. Se asienta en nosotros a medida que constatamos nuestra aptitud en las tareas que realizamos y al tiempo que logramos la habilidad para mantener relaciones de calidad con los demás. Es, por tanto, un sentimiento que se genera en nuestro interior y de cuyo desarrollo somos responsables. Para poder sentir que los otros creen en nosotros hemos de ser nosotros los primeros en sabernos válidos. Es imposible creer que los demás confían en nosotros si nosotros mismos no lo hacemos, pues la confianza nunca viene dada de fuera.”

En función de esto podemos construir un círculo virtuoso de la confianza, que parte del convencimiento de mis propias capacidades: Sé quién soy, sé qué valgo, sé qué aporto, y partir de ahí soy conciente de la confianza que los otros tienen en mí y en lo que genero; tengo total convencimiento de mí mismo y de lo que soy capaz de hacer. Y con esa seguridad y fortaleza genuina tengo la libertad de poder confiar en otros y en la medida que genere esa confianza, me voy a sentir más fuerte, voy a tener mayor convencimiento de mí mismo y el círculo virtuoso comienza a funcionar una vez más.

Se pueden distinguir tres niveles de manifestación de confianza: el institucional, que es el funcionamiento de las instituciones en que participamos; el de la gestión, que tiene que ver con cómo los gestores de la organización operan; y el de la interrelación, que tiene que ver con la confianza en el comportamiento específico de las personas involucradas, que es el más sutil y el más difícil de administrar.

Estos tres niveles de manifestación de confianza se presentan tanto a nivel empresario, a nivel gubernamental como a nivel social y familiar. Es imposible que una organización funcione adecuadamente si no hay una armonía y una correlación en el comportamiento a lo largo de los distintos ámbitos mencionados. Esto implica que se debe generar un nivel aceptable de confianza a nivel institucional, emanado de las comunicaciones formales de la organización combinado con una verificación de la confianza en función de la gestión que realizan los distintos gestores dentro de la misma. Finalmente se debe generar confianza en las interrelaciones entre personas en el día a día de la vida de la organización.

Con relación al ámbito empresarial y a la necesidad que tienen los dirigentes de actuar como gestores responsables, es de aplicación el contrato psicológico de Argyris, que, de alguna manera, asumía que la empresa es un ente monolítico, dador de valor y de protección y planteaba un compromiso mandatario entre el empleado y la empresa. Ese compromiso no se discutía, estaba claro en la mente de los empleados, y generaba como resultado una relación de afinidad con la empresa, que derivaba en aquello que muchos de nosotros vivimos que era el empleo de por vida. Este contrato, por diversas razones, algunas válidas y otras no tanto, se ha deteriorado o casi ha desaparecido en las últimas dos décadas. Esta es una realidad no sólo en Argentina sino en el mundo.

Hoy hay un contrato emergente, donde más allá de la relación de reciprocidad empresa-empleado, nace una relación de pares entre los empleados y aquellos que son dadores de empleo y donde, más allá de las relaciones a nivel institucional, opera una relación a nivel de confianza, entre aquellos que tienen la responsabilidad del liderazgo, aquellos que operan el día a día y aquellos encargados de la creación del valor dentro la cadena que se genera en la empresa. Por eso vemos que cuando un líder se mueve de una organización a otra es muy común que una cantidad de gente lo siga, porque la afinidad está con la persona y no con la empresa, y el desafío que tienen quienes ejercen el liderazgo de una empresa es encontrar una correlación entre el liderazgo personal que se plantea entre esa persona y la gente que trabaja con ella y el liderazgo institucional que pretende generarse dentro de la empresa para la creación de valor.

Partiendo de este contrato psicológico, se crea esa relación tan especial entre el líder y su equipo, que es el punto de partida para la creación de confianza y para la creación de valor a través de la confianza. Para eso se necesita un líder que hace lo que es correcto, que tiene que tomar decisiones difíciles y que se espera que no sea como el de aquella definición que dio Norberto con el ejemplo del anterior CEO de GE, Jack Welch, que solía poner énfasis en las reducciones de empleo año tras año.

Aquí de lo que se trata es de la creación de empleo y no de su reducción. La primer responsabilidad que tenemos como lideres es la creación de valor a través de la creación de empleo, por ende en esa responsabilidad que tiene el líder de hacer lo correcto es evidente que el factor de confianza juega un rol predominante y lo diferencia de lo que hoy conocemos como el gerente, que se compromete solamente a hacer correctamente las cosas que se le piden y que no necesariamente alinea una organización detrás de una visión de una manera práctica para poder conseguir resultados.

Este fenómeno es clave en el ambiente de cambio constante que viven las organizaciones actualmente. En todo momento, el líder está actuando como agente de cambio, y como tal necesita aun más de la alineación, de la confianza, de la búsqueda de compromiso, y para lograrlo debe establecer los mecanismos que le permitan crear una relación con su grupo gerencial y con toda la organización, que vaya más allá de la relación a nivel institucional, y sea una relación a nivel de personas.

Lo que hay que dejar en claro es que no alcanzan los niveles institucionales y de gestión para la generación de la confianza, es necesario que se manifieste en la interrelación de las personas. No alcanza con lo que mi jefe opine de mí o con lo que dice el manual de políticas, lo que necesito es confiar en la gente con la que trabajo y que la gente confíe en mí. Si ese mecanismo no funciona no va a funcionar la empresa en el largo plazo. Pero si podemos lograr que esta realidad ocurra de manera tangible, no sólo a nivel del CEO o Director General, a nivel del cuerpo de dirección, sino a niveles operativos y alejados dentro de una organización compleja, habremos logrado mucho.

Todo esto es importante, más allá de su contenido psicológico o de la relevancia en la cultura organizacional, porque en definitiva impacta la efectividad de la organización: nos entendemos mejor y por ende discutimos menos. A veces no es necesario hablar, está claro lo que hay que hacer. Así las cosas ocurren más rápido, somos más eficientes, y por lo tanto generamos mayor valor. En resumen, a mayor confianza colectiva, mayor productividad, y con mayor productividad, creamos más valor. Entonces, hay claramente una correlación entre el nivel de confianza y el de efectividad y eficiencia que logramos en las organizaciones, sean comerciales o no.

La confianza per se, no va solucionar los problemas y desafíos que se presentan en el mundo de los negocios, pero si hacemos las cosas bien en el resto de las actividades, seguramente se potenciarán los resultados. Para esto también es necesario que nuestros representantes democráticos hagan lo que tienen que hacer para que el ambiente macroeconómico confluya para la creación de valor y confianza, y nos permita a nosotros, como agentes económicos, lograr mejores resultados.

Como reflexión final, me gustaría recordar que no debe de olvidarse el ámbito familiar. Podemos hablar de confianza empresaria o de la confianza que tienen nuestros gobernantes o que éstos generan en la comunidad de negocios a nivel internacional. Podemos hablar de la confianza que tenemos en las ONGs y en el tercer sector. Pero nada funcionaría si no empezamos por nosotros y por lo que pasa en nuestra propia célula, que es la familia, y cómo generamos la confianza a ese nivel, que nos va a dar el ejercicio y la rutina que nos permitirá crecer y operar en un ambiente de compromiso y confianza a nivel de organizaciones más sofisticadas.

La confianza va a estar ausente en los ámbitos gubernamentales y empresariales si no hemos logrado cultivarla en forma consistente en el ámbito de la familia y otros ámbitos sociales.

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Confianza y Educación

Jean-Yves Calvez SJ, presidente del Foro Ecuménico Social, director del Departamento de Etica Pública del Centre Sèvres de París y profesor del Institut Catholique de París, habló sobre la desconfianza profunda entre un mundo empresarial de tendencia liberal, aun capitalista, y un profesorado fuertemente crítico de tal economía. En esta página editamos su ponencia.

La confianza es un elemento fundamental en la definición de la vida económica, muchas veces olvidado cuando uno se fía o pretende fiarse en meros mecanismos, en todo tipo de mano invisible. Se sabe, a pesar de todo, lo que cuenta la confianza en cuanto a la circulación de la moneda – hasta a su existencia –, al valor de todo tipo de papel representativo de bienes y capacidades. Se sabe, después, la importancia de la confianza para que no se produzcan engaños en los intercambios -nos acordamos todos lo que ha pasado con Enron, Worldcom, Vivendi, etc. Es más evidente todavía la importancia de la confianza entre las personas en lo que se puede llamar cooperación productiva, concretamente las empresas. 

Pero de la vida económica quiero pasar a la educación o a la relación de la educación con la economía. No es que la confianza no sea factor determinante en la educación misma. Lo es en forma suprema, dado lo que es la relación educativa: siempre entre un maestro que debe obtener la confianza de a quien quiere ayudar y un alumno que todavía más debe confiar en alguien que le permitirá nada menos que configurar su propia personalidad, algo muy íntimo, totalmente personal, aunque pase por disciplinas técnicas diversas pero enseñadas, comunicadas por personas. Quiero, sin embargo, referirme principalmente a la relación entre economía y educación. 

Confianza entre sistema industrial y sistema educativo 

La economía vive del sistema educativo, del buen nivel alcanzado en las escuelas, del buen nivel de educación humana alcanzado a través de toda la formación escolástica. La economía -las empresas- compensan deficiencias de la educación, pero solamente un poco; por otro lado, la vida, la práctica “enseña”, pero sobre la base de una capacidad de aprender primeramente adquirida. La economía, consecuentemente, debe poder contar con el sistema educativo, tenerle confianza. 

¿Cómo se desarrolla tal confianza? Naturalmente a base de conocimiento mutuo, de frecuentación intensa, de comprensión. Esto no es tan fácil en la realidad. En tiempos recientes ha habido, en bastantes países, una desconfianza profunda entre un mundo empresarial y dirigente, en general de tendencia liberal, aun capitalista, y un profesorado fuertemente crítico de tal economía, más bien amigo del socialismo, de la planificación, y muchas veces poco consciente de las exigencias de capital para el progreso económico. 

En ciertos países, no podría haber sectores de la sociedad más opuestos entre sí culturalmente, y no sólo esto, sino odiándose mutuamente y viviendo en un estado de constante tensión entre sí. Donde sucede esto, la confianza no puede establecerse. Y no se puede progresar sino a base de esfuerzos, para primeramente escuchar y tal vez entender un poco el punto de vista del otro y sus argumentos. No se puede progresar más que cuando los unos y los otros empiezan a participar en actividades comunes. 

El profesorado debe por lo menos saber que muy probablemente está preparando a jóvenes para entrar y pasar su vida en empresas del tipo que efectivamente existen. Debe ponerlos a contacto con ellas con espíritu crítico, pero al mismo tiempo con suficiente capital de curiosidad, hasta de comprensión. 

He hablado así de uno de los aspectos más serios, en muchos lugares, de la tensión entre mundo empresarial y/ o industrial y el mundo de la escuela o del profesorado, siendo el problema más agudo en la enseñanza primaria o segundaria que en la superior. El problema por cierto no es de fácil solución porque se debe en general cultivar un espíritu crítico, sin el cual no hay creatividad. En cierto sentido, espíritu crítico y creatividad es lo mismo. 

Y, evidentemente, no sería lo ideal que la industria organice ella misma toda la formación a la industria. Todo lo contrario, es fecunda una distancia y un grado de tensión entre industria y sistema escolástico, pero es fecunda una tensión dentro de ciertos parámetros. Viejo problema, pero que sigue siendo lo esencial de nuestro tema. 

Expectativas del sistema industrial en cuanto al sistema educativo 

Después de señalar este aspecto, tengo que añadir que mucho tiene que ver con las expectativas que tiene o no el sector económico acerca del progreso científico, de la ciencia como tal, del análisis científico de la sociedad, incluso de la misma empresa. Si lo desprecia, ya no hay confianza por parte del mundo escolástico o universitario. 

Hasta diría, a priori, que las cosas probablemente no van bien si no hay por parte de la dirigencia económica un grado suficiente de apertura al espíritu y a las propuestas reformistas, hasta revolucionarias. 

Capacidad de confianza de las personas mismas 

Por otro lado, todo este clima colectivo de confianza se obtiene donde existe la capacidad de confianza en las personas mismas: en muchas personas. Confianza y apertura; apertura no siendo lo mismo que confianza, pero siendo un paso en dirección a ella. La persona abierta está más dispuesta al relativo abandono que implica la confianza. Esto es claramente una indicación para la educación misma. No hay más grande servicio a las personas y a la sociedad que la formación a la apertura, a la inteligencia, al mismo tiempo que a una afectividad extrovertida. 

A veces, en nuestros tiempos, se ha alabado a las personalidades “duras”, a los que no hacen concesiones, a los puros ganadores, a los que saben despedir al personal sin remordimientos, hasta sin sentimientos. No creo que todo esto sea a largo plazo una buena señal para nuestras sociedades. Sobre todo porque lo que se llama ser duro equivale más o menos a ser una persona sin conciencia también, y allí se establece la ley de la jungla, que nunca ha sido productiva a largo plazo. 

La educacion misma 

Si la educación misma no incluye la valoración teórica y práctica de la confianza, ciertamente no prepara bien para la vida económico-social... ni para la vida sencillamente. ¿Cómo valorar prácticamente la confianza? Confiando efectivamente en todo momento en el alumno mismo, en su capacidad, dándole siempre la ocasión de demostrar esta capacidad sin prejuicio y en cierto sentido, sin juicio, dejándole ensayar de verdad y sin intervenir demasiado de prisa ante sus errores o fracasos. 

Todo esto me hace pensar en los consejos sacados por los jesuitas para la educación en general de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Darle un poco de “materia”al que viene para hacer los Ejercicios, no aplastarle con muchas consideraciones o explicaciones. Dejarle encontrar, descubrir por sí mismo, y sin perjudicar, lo que debe encontrar. Después de una clase donde se le ha hecho escuchar algo, dar al alumno la ocasión de repetir, reproducir, por su propia cuenta, en su propio modo. Asegurarse sólo que el ejercitante, el educando, busca de verdad, “trabaja” por ella. Todo esto representa confianza en él a lo largo del proceso educativo. 

Probablemente los jesuitas no siempre han sido fieles a estos consejos, sin embargo los tienen en su pequeño libro, su vademécum. Ellos no deben olvidar que no es la cantidad, sino la cualidad de lo de que uno vive, lo que cuenta. 

El que se educa de esta forma no se está preparando sólo para la vida de colaboración productiva en una empresa, pero también para ayudar a sus hermanos en la vida política, ciudadana, y en otros sectores también. He insistido sobre la relación entre economía y educación sólo porque es gran parte de la existencia de la mayoría de los hombres la vida económica, que toca el nivel de las necesidades, el nivel de lo elemental para vivir. 

Concluyendo 

Acabo de hablar de cosas elementales, bien conocidas en el fondo, pero que necesitan ser recordadas frecuentemente para que siempre seamos concientes de lo esencial, en vez de ceder a simplificaciones de un tipo u otro, llamándolas técnicas, olvidándonos del conjunto. 

La confianza, en definitiva, es el respecto debido en cualquier momento a la otra persona. De eso se trata en la educación. De eso se trata también en gran parte la economía. Y de eso depende que exista una relación fructífera entre economía y educación, entre educación y economía. Entre países, entre sociedades, las diferencias son notables con respecto a esto y tienen que ver con ciertos modos de actuar, ciertas políticas, ciertas conclusiones, verdaderas o erróneas.

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