Expirado

Indigenismo y choque de culturas

Rosendo Fraga, Director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, advirtió que empiezan ya los problemas, que se está produciendo el choque del movimiento indigenista con la religión católica, y hay un sentimiento antieuropeo mucho más marcado que antes. Esta es su ponencia:

Un tema de la historia que me ha interesado mucho es el de la esclavitud, la convivencia de todas las religiones y de todos los sistemas políticos prácticamente con la esclavitud hasta comienzos del siglo 19. Si hoy hay algo que nos parece atroz es la esclavitud, que alguien sea dueño del cuerpo de otra persona, que alguien pueda disponer al antojo del cuerpo de esa persona. Hoy para nuestros valores nos parece una de las cosas más aberrantes y más atroces. Sin embargo miramos la historia y la esclavitud fue lo normal para gente muy inteligente, para gente muy liberal, para gente, incluso, de gran cultura.

Hay un trabajo muy interesante de una investigadora inglesa, que profundiza la convivencia entre el cristianismo y esclavitud los cinco primeros siglos del cristianismo, cómo se va incorporando, cómo se va procesando. La esclavitud tiene referencias en el Viejo Testamento. No tiene prácticamente referencias en el Nuevo Testamento, pero en ningún pasaje ni en ninguno de los 4 Evangelios y de las epístolas hay un solo cuestionamiento, una sola crítica a la esclavitud, que era la base del sistema económico de Oriente y Occidente.

Me pongo en el punto de vista de hoy y la esclavitud la condeno pero ni las religiones las condenaron, ni la Revolución Francesa, ni la Revolución Americana. ¿Puedo condenar a cualquier persona que haya vivido antes del comienzo del siglo 19 por haber sido dueño de esclavos, por haber convivido con la esclavitud? Esto demuestra que si no ubicamos en su tiempo y espacio los procesos y la cultura, corremos el riesgo de no entender.
En enero, en Pekín, me decía un cientista político chino: nosotros los chinos tenemos que reconocer que en los últimos doscientos años la democracia ha sido un sistema de gobierno que le dio algún resultado a algunos pueblos de Occidente. Mire cinco mil años, están casi por el año cuatro mil ochocientos, mire cuál es el sistema político que ha dominado, mire el mundo, y usted se va a dar cuenta que la democracia es un momento muy preciso de la historia en una región muy precisa. Esta visión que da la historia creo que es absolutamente fundamental.

Hay una frase de Borges que me hizo pensar mucho, que está en unas conferencias que dijo en la Asociación Freudiana. Dijo: “el cristianismo es una mezcla, combinación de una filosofía occidental y una religión oriental”. La occidental, la griega -ya sea la vertiente aristotélica con Santo Tomás, la vertiente platónica con San Agustín o San Pablo-, con una religión oriental.

El cristianismo es algo absolutamente central de la identidad de Occidente. Pero si uno se ubica en un tiempo y espacio, lo que hoy es Occidente era absolutamente politeísta. Es en Oriente donde comienza el monoteísmo. Muchas de las cosas como las vemos hoy, hay que hacer muchas veces el esfuerzo y mirarlas de otra manera.
Muchas veces estamos mirando lo que pasa en Oriente, el conflicto con el Islam, y quizás no percibimos los fenómenos que están pasando muy cerca nuestro y que tienen mucho que ver con este fenómeno del diálogo de culturas, conflicto y encuentro de culturas, civilizaciones, etc.

Cuando en 1992 se conmemoró el 500º aniversario del descubrimiento de América, el gobierno de Felipe González, tras una serie de estudios, acuñó este término: encuentro de culturas; dos culturas se encontraron. Y de este encuentro de dos culturas yo puedo tener dos visiones, dos significados absolutamente antagónicos. Puedo decir, con una visión positiva, que América Latina ha sido el mayor proceso de mestizaje de la historia. Y puedo decir con otra visión que fue el mayor proceso de violación de la historia.

Hoy el indigenismo en América Latina empieza a ser lo que lo era en el siglo 18, empieza a ser una motivación, un valor, un centro de cuestionamientos. Están surgiendo, reapareciendo, conflictos y cuestiones que en realidad habíamos pensado que estaban absolutamente superados, olvidadas, o que no existían en nuestra región. Quizás a los que vivimos en Buenos Aires nos parece que es un problema no presente, porque esta ciudad es de alguna manera una isla en América Latina. Si la miro desde lo que implica su etnia es una ciudad que a comienzos del siglo 20 un 60 % de su población había nacido en Europa, con lo cual vivimos una situación muy particular. Pero en Bolivia más del 50% de la población es indígena pura, y mestiza más de un 40 %; la población puramente europea es de menos de 10%. En Perú, Ecuador y Guatemala la situación es similar, y en Venezuela y Colombia un poco menos.

En América Latina, de unos 470 millones de habitantes, la población europea pura no pasa del 15 o 18%, y está muy absorbida por una cultura predominantemente occidental en su matriz religiosa, el catolicismo, y en su matriz cultural, a través de un sistema educativo y una lengua que es tan importante en el diálogo y la comunicación.
Pero esto está empezando a cambiar, y puede pasar a ser un conflicto. Hay que anticiparse para que el diálogo sirva para impedir el conflicto.

En Bolivia, por ejemplo, en las poblaciones indígenas se establece el derecho del código penal aymará, que es totalmente diferente al Occidental. Se reúne el pueblo y en asamblea vota la pena del delincuente; puede imponer penas físicas. Esto puede parecer una aberración, pero si observo los procedimientos penales occidentales del siglo 11 al 16 me encuentro con que la pena física era el derecho penal. Cuando la Inquisición en su procedimiento incorpora la tortura, la toma de la legislación común. Tuvimos un caso muy interesante y dramático en la provincia de Salta con un indígena wichi que convive con una mujer y viola a la hija de la mujer de nueve años, que vive en la casa. La mujer lo denuncia en la Justicia y va preso. La Justicia le impone una pena de algo así como cinco años por violación. La Corte de Salta devuelve al Juez de primera instancia la causa, porque considera que no ha valorado adecuadamente que en las creencias wichis fecundar una menor es un acto de adoración a la divinidad. Pero la otra parte no tiene la misma creencia. Se puede decir que es un caso aislado, pero empieza a anticipar los problemas que pueden comenzar a venir. Porque en el mundo de hoy las etnias viven mezcladas y es comprensible, pero quizá la población aymará puede querer volver a su derecho, que a lo mejor tiene una matriz cultural del siglo 13 ó 15.

Bolivia es un laboratorio muy importante de fenómenos que pueden trasladarse a otros planos de América Latina. A dos presidentes, el boliviano y el ecuatoriano, les han impuesto los símbolos del poder la autoridad religiosa indígena, así como muchas veces vimos que el rey los recibía del Papa.

En América Latina tenemos hoy algo así como 37% de la población bajo el nivel de pobreza, pero vive bajo el nivel de pobreza más del 90 por ciento de los indígenas. Estas realidades étnicas se asientan en realidades sociales. En América Latina pobreza y población indígena es prácticamente un sinónimo.

Fue muy interesante una conversación que tuve con la máxima autoridad religiosa aymará en Bolivia, que es el que le dio los atributos del poder a Evo Morales. Me contó el proceso de conversión religiosa de Evo Morales, porque él era un indigenista social pero no religioso; no participaba del culto aymará. Es como pasa con muchas de las personas de las religiones monoteístas: son socialmente de esa religión pero no profesan el culto. Cuatro meses antes de ser electo presidente Morales se acerca al consejo de ancianos aymará a pedir ayuda para llegar a la presidencia, para transformar el país, y ahí empieza a convertirse a un indigenismo religioso. Por eso hemos visto a Morales con su propio cuchillo abriendo una llama y ofreciéndola en homenaje a la divinidad aymará, asumiendo los ritos.

En la región empiezan ya los problemas, se está produciendo el choque del movimiento indigenista con la religión católica, y hay un sentimiento antieuropeo mucho más marcado que antes. En América Latina tuvimos una capacidad mucho mayor que en otras regiones del mundo para terminar generando una síntesis. Por eso urge que discutamos este tema, que discutamos políticas y acciones.

Expirado

“Los 10 mandamientos no son universales”

Para el Rabino Daniel Goldman, de la Comunidad Bet - El, deberíamos revisar si existe diálogo entre Oriente y Occidente…porque el diálogo entre países, organizaciones, culturas no es otra cosa que diálogos entre hombres. Esta es su ponencia:

Martin Buber cuenta una anécdota de la época en la que era consejero universitario, sobre un joven estudiante que fue a hablarle y contarle su drama personal. Ocupado en otras cosas, el Dr. Buber no le concedió importancia a plática con el Joven. Al otro día lee en el diario universitario que este alumno se había suicidado. Eso produjo en él un cimbronazo tal que lo llevo a seguir elaborando su teoría de lo que se llamó la filosofía dialógica, filosofía en diálogo.

La filosofía dialógica parte de la idea que existen dos términos relacionales, el “yo – tú” y el “yo – ello”. Cuando hablamos del “yo” nunca estamos hablando del “yo” en su dimensión individual, porque no existe la dimensión individual del yo. Siempre cuando hacemos referencia al “yo” se hace función del “tu” o de “ello”. Entonces él parte de la idea de que el “yo” de “yo –tú” es diferente al “yo” de “yo – ello”.
Cuando hablamos de “yo – ello”, hablamos del vínculo que la persona establece con un tercero o con un objeto tratando a la persona como si fuese un objeto. En cambio, el vinculo “yo – tú” está establecido en función de que puedo tratar a las personas o a los objetos como si fuesen personas. Esto quiere decir que el vínculo con terceros a veces se puede establecer de manera más fluida y el vínculo con los íntimos se puede constituir de una manera mucho más alejada.
Termina diciendo Martín Buber que diálogo es la profundidad de compartir la vivencia que deriva en con-vivencia.
Cuando hablamos de diálogo en cualquier sentido estamos hablando de la posibilidad de establecer un vínculo “yo - tú”. Por lo tanto solo existe diálogo entre los hombres, entre los seres humanos. No existe diálogo entre organizaciones, entre instituciones, entre países, ni entre continentes.

Bajo este esquema conceptual,

1. Deberíamos revisar si existe diálogo entre Oriente y Occidente. Lo que parece una verdad de Perogrullo no lo es, porque el diálogo entre países, organizaciones, culturas no es otra cosa que diálogos entre hombres. Si no existe una actitud dialógica entre los hombres, será imposible que exista diálogo entre organizaciones. Si fuera diálogo institucional, la paz mundial estaría resuelta por Naciones Unidas. El problema es la falta de diálogo que existe entre los hombres.

2. Esto tiene que ver con un segundo punto: no hay diálogo si no hay lenguaje común. Lo cual significa lenguaje de valores. Es todo un problema lingüístico en términos de Noam Chomsky. Cuando decimos lengua, decimos lenguaje de valores. Y en este punto, habría que volver al viejo manual “Introducción a la lógica” de Irving Copi que insiste que para que uno pueda entender el lenguaje del otro, “aténgase al uso común”. Me parece que volver al uso común del lenguaje de palabras en función del lenguaje de valores es una ayuda muy grande para comprender Oriente y Occidente, para comprender uno y el otro, para comprender el sentido dialógico del “yo – tú”.

3. Hay valores que son homologables, hay valores que son incomparables, y hay valores que son incompatibles. Si no comprendemos esta gama de la función del lenguaje y el valor, no estamos comprendiendo exactamente lo que significa el concepto de valor.

Diálogo significa trabajar sobre el uso común. ¿Estamos hablando de lo mismo cuando hablamos de lo mismo?
Siempre me acuerdo que mi padre sufría de acidez y una vez le pregunté: ¿qué es la acidez? El me dijo: “es algo que te viene de acá adentro”. Yo hasta ahora no estoy seguro de que cuando tengo acidez tengo la misma acidez que mi padre. Traducir la compatibilidad de sensaciones en palabras es uno de los elementos que puede ayudar para comprender el sentido del valor.

Doy otro ejemplo, que tiene que ver con este punto pero va a derivar en un tercero: había un escritor satírico israelí llamado Efraim Kishon, que había inventado un personaje proveniente del Yemen, que arribaba a Israel. Israel es un mundo de culturas diversas y esta cuestión de tratar de juntar y homologar culturas resulta una tarea bastante difícil. Cuenta que se produce un encuentro entre el personaje yemenita y un miembro de un kibutz, de una aldea colectiva. Este último provenía de Alemania con todo su desarrollo de los valores socialistas y de la “cultura” superior (lo de cultura superior lo digo con ironía). Por otro lado a los yemenitas cuando los trasladaban Israel, en los primeros tiempos los llevaban a vivir en condiciones muy precarias, casas bastante miserables. Entonces el alemán dice: “estamos viviendo en el siglo XX”, y el yemenita responde: “no, estamos viviendo en la villa miseria”; entonces el alemán le contesta: “el siglo XX no es un lugar para vivir”, y el yemenita le responde: “y la villa miseria tampoco”. Más allá de la ironía, en el diálogo hay que comprender las categorías de espacio y de tiempo como categorías diferenciadas. Para todos no es lo mismo el concepto de espacio y el concepto de tiempo. El tiempo puede no ser lo mismo cuando hablamos de “sacralidad del tiempo” y de “profanidad del tiempo”.
Hay tiempos sagrados y tiempos profanos, y hay lugares sagrados y lugares profanos. Respetar el diálogo significa comprender los tiempos y los espacios del otro, dentro de los tiempos y los espacios de uno mismo.

4. Otro ejemplo: Hace poco tiempo atrás, visité Marruecos. Y nos acompañó en el trayecto un guía de tradición musulmana; un hombre sumamente simpático. En un momento del paseo hubo una especie de altercado con una señora cordobesa que estaba en el grupo. Ella en broma le dijo: “usted es un mentiroso”. Y el guía le respondió: “a lo sumo puede decir usted que no coincide conmigo pero mi tradición me prohíbe mentir”. Lo que para uno era un chiste para el otro podía llegar a ser una ofensa. Aquí quiero insistir en la función del lenguaje, en la del tema de la verdad y la mentira. ¿Como afrontar las diferencias? Hay que entender desde las lógicas que existen muchas aristas de la verdad que nadie puede ver en su plenitud, siendo las verdades oportunidades en las que el otro puede resultar un compañero de la búsqueda. Sloan Coffin, un importante teólogo protestante solía decir: “creo en los buscadores de la verdad y no en los dueños de la verdad”.
En la medida que consideremos “verdades” en las que nos anclamos, no vamos a ser capaces de comprender que existen otras verdades que no entendemos. En esto es muy importante la ayuda de la ciencia frente a espacios religiosos o frente al espacio de las creencias.

5. El diálogo indispensable es el diálogo “dialógico”, que es el opuesto al “platónico”, que tiene como búsqueda convencer al otro. Mientras el “diálogo platónico” viene “con- vencimiento” (de convencer), el “diálogo dialógico” es el que viene “sin- vencimiento”, o sea sin la intención de vencer al otro, es decir sin salir diferente a como ingresaste. Si no estás dispuesto a tener la experiencia del diálogo, no entendés exactamente de qué se trata el diálogo. El diálogo con-vencimiento es aquél donde crees tener la verdad y la razón, y lo único que intentas en imponerlas. El diálogo sin vencimiento es aquel en el que sin reduccionismos económicos, políticos, culturales, religiosos, se necesita de escucha, de amor, de comprensión y de transformación.

6. Hay que romper con los ámbitos dualísticos y comprender la cuestión de los ámbitos dualísticos significa entender distinciones, pero no partir de la base que existe razón y espíritu, espíritu y materia, política y religión, religión y Estado, privado y público. Romper con los dualismos significa partir de una premisa similar, caminando, yendo, acompañando, en la misma dimensión.

7. Comprender el sentido del progreso de una manera más existencial. Progreso no es calidad de vida y superación de lo cuantitativo; progreso es calidad de respetabilidad en el desarrollo del pluralismo y entender que sociedades plurales son las que dialogan personas plurales, en la individualidad y en la subjetividad; son personas que están dispuestas a dialogar.

8. Tener conciencia de que los 10 mandamientos no son universales; que pertenecen a un universo determinado, pero no a todo lo diverso que existe en el universo.

9. Cuando hablamos de “choque de civilizaciones” y de “superar los fundamentalismos”, significa superar los fundamentalismos propios, cuestionar nuestros propios fundamentos como ejercicio de pensamiento, en virtud de comprender los fundamentos del otro. Y en este sentido yo descarto del lenguaje social la palabra ”tolerancia”. Porque la tolerancia siempre se ejerce desde el poder; y significa que aguanto porque tengo la superioridad de poder aguantar. Pero en realidad “tolerancia”, o “políticas de tolerancia”, no son otra cosa que demostrar la garantía que yo tengo de justificar mi propio fundamentalismo.

10. Ayudar a superar los traumas de la historia. Esto significa que la superación no se realiza con olvido ni amnesia, sino con memoria.

Por lo tanto la invitación al “diálogo entre civilizaciones” significa “diálogo entre los hombres”; estar dispuesto a comprender el lenguaje del otro en su categoría axiológica, estar dispuesto a ser lo suficientemente abierto como para entender que existen lógicas diferentes, razones diferentes, espíritus diferentes que tienen la misma intención de comprenderme a mi. En la medida en que yo entienda y comprenda que otro me quiere comprender a mí, vamos a estar esperando con esperanza un futuro que pueda ser diferente al pasado que nos construimos hasta el presente.

Expirado

El diálogo y la cooperación son los nuevos paradigmas del pensamiento

Hay que entender que en cualquier relación con el otro los dos tienen que salir beneficiados, no tiene que haber ganadores y perdedores, explicó el Rabino Daniel Goldman, de la Comunidad Bet-El. Esta fue su ponencia:

Los cambios en los paradigmas del pensamiento hoy tienen que ver con el diálogo por sobre la disputa, la cooperación por sobre la competencia, y entender que en cualquier relación con el otro los dos tienen que salir beneficiados, no tiene que haber ganadores y perdedores. 

Estando el plano de los valores y los ideales, la cuestión es ver cómo hago en mi vida cotidiana para traducir todo eso a lo que me pasa, a mi convivencia, a mi vida misma. Ese es el juego que uno tiene que hacer permanentemente: cómo penetra el campo de las creencias, los valores y los ideales en lo que me toca vivir todos los días. Hay cosas de la naturaleza y de la naturalidad humana que nos hacen animales. Somos animales que hemos desarrollado cultura, y a veces esta cultura lleva a una cuestión valorativa en donde estos valores muchas veces se hacen relativos.

El grave problema es cuando los valores se transforman en cuestiones relativas y no absolutas. Por ejemplo al no matar, no robar, etc., los relativizamos, y un simple justificativo social o una comprensión, sirve para decir bueno, no es tan grave o lo que pasó podemos dejarlo pasar. Es ahí donde empieza la cuestión. Matar es un delito, robar es un delito, y es y debe ser punible. Por supuesto que está en manos de un juez determinar cuál debe ser la pena, pero ya está la cuestión establecida dentro de los 10 mandamientos. 

Campaña para enseñar los 10 mandamientos

Muchas veces pienso que deberíamos hacer una campaña para enseñar los 10 mandamientos. Solamente basta con observarlos -no hace falta mayor sofisticación- para que el vínculo entre los seres humanos sea distinto. Pero, por otro lado, es bueno reconocer esta cuestión que la naturaleza muchas veces se impone sobre la cultura. Si la cultura puede controlar, la naturaleza descontrola. Entonces ahí es donde vuelve a producirse algo de la cuestión del caos. El trabajo de la gente del campo es, en definitiva, imponer cultura sobre naturaleza, imponer del modo tal que puedan ser acompañadas las dos, saber que la imposición exagerada hace que la naturaleza se vuelva en contra. Ahora, no tener vínculo con la naturaleza es negar la esencia del ser humano.

En el Génesis, en los dos elementos, está la cuestión en los dos capítulos, el hombre como conquistador o el hombre como parte; y cuando al ser humano se le da el sentido de cuál es su misión en la tierra, es para trabajar y para cuidar, para que él esté en el mundo y hacer de ese mundo un trabajo, pero, a su vez, que ese trabajo no tenga el exceso en donde no esté cuidado de ese mundo. Entonces es un juego permanente, constante.

Yo creo que independientemente de esta cuestión de la superación de la cultura sobre naturaleza, ha habido un avance importante en los últimos años en la cuestión de nuestra conciencia ecológica; saber que el hombre señorea teniendo responsabilidad sobre esta cuestión de que se encuentra en la tierra.

Es muy importante ese sentido y en virtud de este sentido es como nos vamos a proyectar hacia el futuro. El Shabat no tendría que ser un ejercicio semanal sino diario; esa cuestión de contemplación y ver hacia dónde vamos. 

En Israel existe el Fondo Agrario de Israel. Cuando, a principios del siglo 20, los primeros colonos llegaron a Israel accedieron a una zona muy empantanada. Entonces, la forma de poder transformar el pantano en una zona vivible era plantando árboles. Así se descubrió que, por una cuestión de metabolismo de la tierra, determinados pantanos se secaron en la tierra de Israel, haciendo que algunos pájaros no aniden. Por lo tanto se secaban los árboles y no se empantanaba el lugar. El árbol quedaba seco y no podía ser motivo de una tierra que pueda ser trabajable. Entonces, se necesitaba ese pantano.

Muchas veces, en virtud de esta conquista que el hombre tiene y que cree que eso es civilización, lo que hace va en su contra; creía que iba a ser una ayuda pero se transformó en su contra. 

Hoy se está dando en la Argentina una cuestión de amalgamiento, una unión, un encuentro, entre lo político y lo religioso. Cosa que por un lado me pone contento y por otro lado no me huele muy bien, porque creo que son dos lenguajes diferentes. Mientras el político tiene la obligación de hablar acerca de la república y los ciudadanos, el religioso tiene la obligación de hablar sobre el vecino y el prójimo, y son dos cosas diferentes.

Vecino y prójimo es diferente a ciudadano. Ciudadano hace a un registro de derechos y obligaciones y prójimo hace referencia a la esencia humana.

Muchas veces se confunden los planos; una cosa es la lectura o la crítica social que se puede hacer y otra cosa es la intervención en el plano de lo político específico.

Me parece que tener sentido, desde lo religioso, del tiempo, en una perspectiva diferente, mayor, es lo que hace la diferencia en el análisis de la coyuntura o en la intervención en la coyuntura.

Creo que en donde se confunden los dos planos se produce un cortocircuito. Es decir, yo quisiera tener políticos que estén imbuidos del espíritu religioso, no religiosos que estén haciendo política. Y en la medida que nosotros vivamos en una época de confusión en este sentido, creo que vamos a estar viviendo una crisis de oportunidades y estaremos permanentemente profundizando la crisis. 

Sabio es el que aprende de los demás

En el Talmud aparecen dos definiciones de lo que significa Sabio. Una dice que sabio es aquel que aprende de los demás. Hay una sabiduría que se obtiene en virtud de que haya una correlación de intenciones y de búsquedas comunes, y la forma de poder combinar lo que uno y otro saben, hace que se convierta en sabiduría.

Y, según la segunda definición, es sabio el que ve al recién nacido; el que proyecta qué va a ser de este niño que recién nace, para ver qué va a acontecer en su futuro.

Entonces, parece que hay dos cuestiones. No dejarse apabullar por el pesimismo, pero tampoco dejarse llevar por el optimismo. Uno tiene ser cauto en eso y tener noción de que la realidad es mucho más compleja que aquello que nos toca vivir a nosotros.

Nuestra realidad no es la realidad. La realidad tiene que ver con la cuestión de saber interpretar lo que en el lugar del otro me hace a mí ser sabio, proyectándome en la correlación del futuro.

Creo que hay dos formas de definir sabiduría. En una, sabio es la persona que tiene conocimientos, y en otra es lo que quiere decir anciano, es decir que el paso de la vida va dando sabiduría. A su vez el paso de la vida va dando un sentido de poder asentar cuáles son las cosas que uno aprende. Tiene que ver con la mesura, la prudencia.

Saber interpretar sueños tiene mucho que ver con la vida que uno lleva, en los lugares en donde muchas veces se siente conforme. Muchas veces uno se siente conforme y disconforme a la vez. Si yo le pregunto a un grupo de personas del campo, cuántos se quieren ir a vivir a la ciudad, probablemente muchos levantarán la mano. Lo mismo al preguntar en la ciudad cuántos se quieren ir al campo, también muchos van a levantar la mano.

Tiene que ver, no con el lugar en que se vive, sino con la insatisfacción que uno tiene permanentemente. Esto es parte de la condición humana, que es tan antigua como la modernidad, o postmodernidad, que estamos viviendo hoy.

Siempre me acuerdo de un cuento Jasídico. Había un hombre que vivía en el pueblo muy pequeño. El decía no me satisface estar en este pueblo, no me gusta. Entonces se fue a Varsovia, a la gran ciudad. Cuando llegaba allí decía no me gusta Varsovia y volvía a du purblo, pero no le gustaba y volvía a Varsovia. Entonces los amigos le preguntan cuál le gustaba más. Y él respondía que lo que le gustaba más era el viaje.

Entonces, esta cuestión de pensar la vida como viaje da una sensación de dinamismo distinto a específicamente el lugar donde queremos estar.

¿Es el estar un lugar o es el estar una condición? ¿Es el estar un espacio o es el estar una cuestión de tiempo?

Mientras otras civilizaciones le dan tanta importancia al espacio, la civilización judeo-cristiana desarrolla una idea de que el palacio está en el tiempo. ¿Cómo desarrollar la idea de tiempo y vivir en el tiempo?, y ¿cómo hacemos para que ese tiempo pueda ser significativo a nosotros? Tal vez sea esa una de las claves para entender la satisfacción o la insatisfacción. 

El grave problema es el desencuentro de hermanos

Si yo tuviese que pensar en algo característico de la cuestión de la Biblia como mensaje, diría que esto está resumido en un versículo que aparece en uno de los Salmos: “¡qué lindo y qué agradable poder estar los hermanos sentados juntos!” ¿Por qué insiste en esto? Porque los hermanos no estamos sentados juntos, estamos sentados separados, estamos viviendo permanentemente en pelea, en confusión, en conflicto.

Y si uno toma la Biblia como una sucesión de paradigmas, ve que el grave problema es el desencuentro de hermanos. Los hermanos que aparecen primero son Caín y Abel. Esta situación termina en el asesinato de uno sobre otro. Caín mata a Abel.

La segunda situación que aparece de hermanos es la de Isaac e Ismael, que no ha sido resuelta; todavía estamos discutiendo al respecto.

La tercera tiene que ver con la sensación del cambio. Es la de Jacob y Esaú. Dos hermanos que nacen en el mismo momento, los definen como mellizos, pero con características totalmente diferentes. Uno, dice el texto bíblico, era un cazador, el otro era un hombre que estaba cercado en las tiendas; después la tradición lo va a colocar como un hombre que tenía apego hacia los libros y el estudio.

El cazador y el agricultor

Creo que son dos formas de intentar ver la vida, ver el mundo, la civilización. Uno era aquello que representa la vida del cazador y el otro la vida del agricultor. Y son dos cosmovisiones diferentes, dos formas de ver el mundo totalmente diferentes. 

El cazador tiene el concepto, la forma de ver el mundo y la vida acorde a lo que llamaríamos el presente perpetuo. Presente perpetuo quiere decir que satisfago mis necesidades, y una vez que satisfago mis necesidades, me tranquilizo; siempre en el momento que tengo hambre salgo a cazar, cazo, satisfago mis necesidades y se terminó.

En cambio, el agricultor como cosmovisión tiene una perspectiva de vida distinta. Sabe primero que tiene que tener paciencia, y segundo que, a diferencia del cazador, no todo depende de él; reconoce que hay tiempos que van más allá de lo que él puede dominar y que hay otros socios en su trabajo. Esos socios son la tierra, el sol, el frío, el calor, el día, la noche. Entonces, esto da una perspectiva distinta de lo que significa pasado, presente y futuro.

Hay un pensador que falleció hace unos años, el rabino Soloveitchik, que escribió un libro llamado “La soledad del hombre de fe”, donde desarrolla estos dos paradigmas. Dice que el primero es el hombre que desarrolla la paciencia, el sentido de ubicación. El segundo es aquel que aprende a ser conquistador y ambicioso. Ambos personajes son contradictorios, pero pueden vivir en uno. A veces somos ambiciosos y a veces somos apacibles. A veces somos seres humanos del cariño y a veces somos seres humanos del odio.

Tal vez partir de esta premisa es posible llegar a comprender de una manera antropológica al hombre. 

Yo les quiero confesar que en una época de mi vida me analicé y descubrí que las cosas que me pasaban a mí eran las que le pasaban a casi todo el mundo: amaba, odiaba, era celoso, por otro lado era cariñoso, me gustaba estudiar pero a veces me gustaba no estudiar tanto, tenía ideales pero a veces me preguntaba cómo hacer para cumplir con esos ideales, etc . En la medida que uno comprenda que el ser humano es contradictorio va a poder ayudarse a sí mismo a comprender a cómo superar esas contradicciones.

El manejo de la información

Tal vez la cuestión es preguntarse si estamos viviendo una época de crisis, y no hablo sólo de la Argentina sino del mundo. Personalmente no sé si estamos viviendo una época de crisis diferente a las que nos tocaron vivir como humanidad hasta este día. Sólo que hay dos cuestiones que son diferentes, distintas y superadoras. Una que tiene que ver con el manejo de la información y otra con el manejo del conocimiento.

Hoy estamos invadidos de información, a diferencia de lo que pasaba años atrás y siglos atrás. Cuando se piensa en los filósofos antiguos o del medioevo, se considera que no tenían la cantidad de información que podría llegar a tener hoy un chico de la escuela secundaria. La genialidad estaba en poder desarrollar un pensamiento propio con una categoría limitada de información. Los grandes filósofos de la humanidad y del humanismo sabían menos de lo que sabemos nosotros. Simplemente el gran problema de hoy es que la invasión informativa es tal y es tanta que no sabemos seleccionar qué es lo que conviene y qué es lo que no conviene. Y para eso hace falta mucha sabiduría, que tiene mucho que ver con la paciencia y el coraje para saber interpretar y actuar. Las dos cosas, paciencia y coraje. Hay momentos en que se nos exige coraje y hay momentos en que se nos exige paciencia. Actuar corajudamente en los momentos de paciencia es un error y actuar pacientemente en los momentos de coraje es la repetición del mismo error. 

Segundo, la información es también homogeneizada; nosotros sabemos qué es lo que está pasando en Carlos Casares y qué es lo que está pasando en Irak. Y el nivel de información que recibimos de manera homogénea nos da la sensación de que es todo lo mismo. Da igual si hay un asalto en La Quiaca o si se produce la entrega de un premio en España. 

Además estamos informados de lo que ocurre en el mismo momento que ocurre. Tengo una anécdota con respecto a esto. Hace unos años me invitaron a hablar a una marcha en Cutral Có. De esa marcha derivó una pequeña manifestación y allí se llevaron presas a algunas personas. Nosotros habíamos ido con el obispo local y con otros referentes sociales de la zona a almorzar y nos avisaron que se habían producido tumultos y que habían detenido a algunas personas. Entonces nos vamos a la comisaría, donde recibo un llamado a mi celular de mi papá en ese momento, que me dice: No te da vergüenza estar detenido. Me dijo que estaba viendo el informativo en directo y decían que yo estaba detenido. Y era verdad, yo había ingresado a la comisaría y me habían detenido; yo no lo sabía y mi papá, estando en Buenos Aires, sí. Es decir, la información va tan rápido que a veces uno no se entera de lo que a uno mismo le está pasando. Por lo tanto, ante la pregunta de si estamos mejor o peor de lo que estábamos, la respuesta es sí y no. 

Estamos mejor porque podemos saber más y estamos peor porque no sabemos dirimir la información.

Encontrarle un sentido a la vida

Yo les quiero decir que el comoditie más caro que existe es encontrarle sentido a la vida. Sobre eso no encontramos todavía el precio; pero es la búsqueda constante, permanente.

En esta época del año la comunidad judía vive la festividad de Janucá y los textos antiguos según los que se conoce la historia consideraban que la guerra que se libró en el año 165 antes de la era cristiana iba a ser la última guerra que se librara. Terminé de leer un libro llamado “El derrumbe del Humanismo”. Desde el año 165 antes de la era cristiana hasta nuestros días el problema del hombre sigue siendo exactamente el mismo. 

En la película de Steven Spielberg “La lista de Schindler” en un momento determinado están por destruir una pequeña aldea y se están por llevar a todos al guetho; es un momento de matanza terrible, y el oficial nazi ingresa a una de las casas para saquearla y encuentra un piano. Empieza a tocarlo y lo ejecuta de una manera extraordinaria. Creemos que solamente un individuo culto, preparado y espiritual es capaz de tocar el piano de esa manera. Y este “buen hombre” que es capaz de tocar el piano con semejante virtuosismo es el mismo hombre que podía ser capaz de dirigir una matanza. ¿Es inherente a la condición humana esto? Tal vez sí. 

Me parece que hay dos cosas, la cultura y la religión como religión organizada, en su sentido social, no teológico. Hasta ahora en la religión organizada nunca estuvimos a la altura de las circunstancias. Porque, por un lado, hablamos de paz, amor y entendimiento, pero estamos tan lejos de la real paz, del real amor y del concreto entendimiento.

Hablamos hoy de este salto que hemos dado en los últimos 30 años, fundamentalmente a partir de Juan Pablo II, con la apertura religiosa que hemos tenido; hemos avanzado siglos en pocos años en cuanto al diálogo interreligioso, pero todavía el diálogo interreligioso no empezó. Estamos todavía en la situación de un coqueteo y de un previo conocimiento. Pero, ¿realmente estamos dispuestos desde un real y profundo sentido del diálogo a colocarnos uno en el lugar del otro? 

Y colocarse uno en el lugar del otro quiere decir comprender cuáles son los prejuicios y cuáles son las virtudes del otro. Eso sucede únicamente cuando uno se sienta y trata de entender desde el corazón y desde la mente, y es un paso que todavía tenemos que dar y falta mucho para eso.

Espero que las instituciones religiosas podamos adelantarnos a los tiempos, no llegar tarde. El gran desafío pasa por comprender que no estamos tan mal, que tal vez las crisis las venimos viviendo porque la crisis es parte del ser humano; quizá ser humano es vivir en crisis. Pero acompañar esta humanidad con el sentido de ser más que humano. 

Espero que comprender este sentido del tiempo del agricultor sea algo que nos lleve a comprender nuestra propia esencia.

Expirado

Nueva cultura versus globalización

Ezequiel Ander Egg, Profesor en 186 universidades, Director Académico de 88 cursos internacionales, autor de 130 libros con 1.400.000 ejemplares vendidos. Esta es su ponencia:

"Hacer de nuestra cultura una potencia de liberación y de solidaridad, al mismo tiempo que el canto de nuestra íntima personalidad."
Cheik Anta Diop


¿Es posible un nuevo paradigma cultural como energía creadora de una globalización alternativa?

Una propuesta alternativa al modelo de globalización neoliberal no puede circunscribirse a un enfoque exclusivamente economicista, sino que debe otorgar un lugar a la esfera de lo cultural. Buscar un nuevo proyecto de sociedad es, supone y exige buscar un nuevo proyecto cultural.
En los años ochenta, en América Latina, en los grupos de educación popular, se decía que toda propuesta de lucha en el campo de la cultura debe tener en cuenta que la ideología que sirve como "cemento" que une las juntas del orden social vigente podría transformarse —como un aspecto de la lucha cultural— en "ácido corrosivo" y en "energía creadora" para un nuevo ordenamiento social.

Dentro de ese contexto, un trabajo cultural crítico no debe agotarse en la tarea de desenmascarar los mecanismos de manipulación y domesticación ideológica, sino que tiene que aceptar el reto de plasmar una nueva cultura.
En nuestros días, esta propuesta algunos la presentan afirmando que una nueva cultura sirve como antídoto para la globalización neoliberal.

La idea de que la cultura pueda ser un antídoto para la crisis que se vive a escala mundial puede parecer disparatada a aquellos para los que todo se reduce a la economía y conciben al hombre, fundamentalmente, como homo economicus y homo consumens, acentuando la dimensión de mero productor y mero consumidor.
Hablar de la cultura como energía creadora cuando en el escaparate de las ofertas intelectuales nos encontramos con "el todo vale" de Feyerabend, el "pensamiento débil" de los italianos, la "simulación" de Baudrillard, el "pensamiento borroso" de Bart Kosko, la ciencia sfumatta, la era fuzzy, la filosofía flou y la cultura light, que han dominado el discurso de las últimas décadas, puede parecer una propuesta a contrapelo de la historia. Cuando casi todo se relativiza y estamos atrapados en la sociedad de consumo y en un individualismo feroz, puede parecer un sueño fantasioso pensar que la cultura puede producir cambios significativos. ¿Qué podemos hacer en ese contexto de frivolidad y homogeneización cultural en donde existen tantos agujeros e intersticios por donde penetran las industrias culturales para hacer de la cultura estadounidense la cultura universal del mundo globalizado?

Algunos hechos que expresan una cultura emergente alternativa

Nuestra aproximación a esta problemática es provisional. Tiene su punto de partida en el análisis que realizáramos sobre la rebelión juvenil, hace unos veinticinco años. En la contestación juvenil de finales de la década de los sesenta encontrábamos —y encontramos— hechos portadores de futuro. Decíamos entonces —y ahora lo traemos como punto de arranque para nuestra reflexión— que si más allá de cualquier manifestación exterior o circunstancial calamos en lo hondo de la rebelión juvenil actual, encontramos hechos que expresan un nuevo modo cultural reflejado en:

• el deseo de vivir (que todos vivan y vivan en la abundancia);
• el deseo de expresarse (que todos puedan hacer oír su voz);
• el deseo de ser libres (que todos puedan realizarse sin constreñimientos exteriores);
• la reivindicación del derecho a hacer su propia vida (que cada uno pueda asumir por propia decisión lo que hará de su existencia).

Estos deseos, tan fuertemente expresados por algunos movimientos juveniles a finales de los años sesenta, no "aparecen" en ese momento, como si antes no hubiesen existido. La novedad viene dada por la profundidad y forma con que se presentan, además del conjunto de valores que los sostiene. Todas estas manifestaciones y búsquedas, expresadas con un tono crítico, creativo, diferencial y sensual, contienen lo básico de ciertas formas emergentes de cultura viva, aunque haya otras de signo contrario o diferenciadas.

Adviértase, una vez más, que consideramos la cultura como un modo de vida total y de realización/creación del presente y del futuro y no con el alcance restringido de lo artístico o literario. Dicho esto, preguntamos: ¿cuáles son los hechos precursores del estilo cultural del futuro?, ¿cuáles son las manifestaciones o caracteres esenciales de esta cultura emergente? Lo que percibimos como germinal en estos movimientos, lo resumiríamos (sin que esa sea una enumeración exhaustiva) en seis grandes expresiones:

• Afirmación de la propia personalidad y del derecho a singularizarse.
• Un estilo cultural meta-tecnológico, anti-productivista y de recuperación de lo festivo.
• La búsqueda de comunicación interpersonal profunda y auténtica.
• Rechazo de lo institucional como aquello que encorseta la vida.
• Desarrollo de la dimensión erótica y psicodélica de la cultura emergente.
• Retorno a la naturaleza y a la vida sencilla.

Desde esa óptica no es solamente un nuevo orden económico internacional lo que necesitamos sino un nuevo estilo de vida. No es un relanzamiento de la economía a escala de Estado lo más decisivo, sino un nuevo modo de vivir. Y, a nivel personal, tampoco la salida es tener más cosas, sino saber vivir como personas.
En fin: si lo que está en crisis es un modelo de civilización, de sociedad y de modo de vida, aquí es donde la cultura —como creación de un destino personal y colectivo— adquiere su pleno significado y dimensión como antídoto a la crisis: se trata de buscar, y de ir encontrando y realizando, un nuevo proyecto de sociedad y de civilización.

Vivimos en un mundo complejo y cambiante, en situación límite, puestos en una encrucijada, inmersos en una crisis, llegados a un punto de ruptura, en donde "algo viejo debe morir y algo nuevo debe nacer"... De muchas y variadas formas se designa el momento en que vivimos. "El mundo no es como debiera ser", así lo percibe la mayoría de la gente. Tampoco la vida es como debiera ser. De ahí que muchas personas —los alternativistas, podríamos denominarlos de una manera amplia— desean cambiar sus actuales formas de existencia, quieren saltar a una nueva manera de vivir... Por lo tanto, en este sentido y en este contexto, sí puede hablarse de la necesidad de una nueva cultura como antídoto a la crisis. Es decir, de un nuevo modo de pensar y de hacer.

Se trata de plantearnos el problema de un nuevo estilo de vida, más que corregir la crisis económica dentro de los marcos de una civilización fáustica, de una sociedad productivista y de existencias personales cuyo proyecto principal de vida es el de ganar dinero.
Plantearnos el problema de un nuevo estilo de vida, es plantearnos la necesidad de asumir nuevos modos de vivir. Ahora bien, ¿por qué se plantea este problema?, ¿qué significa un nuevo modo de vivir?

A la primera cuestión —¿por qué aparece este problema?— la respuesta es bastante generalizada entre todos aquellos que critican la degradación de la vida que vivimos en nuestro tiempo. Degradación por exceso y despilfarro en las sociedades de consumo; degradación por hambre y miseria en las sociedades subdesarrolladas y dependientes.
Y, ¿por qué un nuevo estilo de vida? Si decimos "nuevo", antes que nada significa hacer algo que antes no se hacía, cambiar, realizar algo diferente. Este "dejar de hacer", este "cambiar", y este "realizar", tienen que ver con algo que nos concierne de manera radical a cada uno de nosotros y es la causa de que "seamos": nuestra vida.

No se trata sólo de cambiar estructuras o de innovaciones tecnológicas que pueden ser necesarias. De lo que se trata es de cambiar nuestra vida o, para ser más precisos, nuestro estilo de vida, nuestro modo de vivir. Esto significa —como diría Fromm— "una sociedad cuyos miembros han llegado a un grado de independencia en que conocen la diferencia entre el bien y el mal, en que eligen por sí mismos, en que tienen convicciones y no opiniones, y fe, más bien que supersticiones ni esperanzas nebulosas... Significa una sociedad cuyos miembros han desarrollado la capacidad de amar a sus hijos, a sus prójimos, a todos los hombres, a sí mismos, a toda la naturaleza; que pueden sentirse unidos con todo, pero que conservan el estilo de la individualidad y la integridad; que trascienden la naturaleza creando, no destruyendo". Por primera vez en la historia, "la supervivencia física de la especie humana depende de un cambio radical en el corazón humano "(1).

El movimiento de nuevos estilos de vida es de origen occidental, producido en parte por la crisis que confrontamos, pero está acompañado por un descubrimiento y revalorización de los valores de oriente.
Sin embargo, habría que preguntarse también: ¿por qué vamos a cambiar de estilo de vida?, ¿qué nos puede mover a tomar esta determinación?... Para la mayoría de la gente, lo que les lleva a cambiar son situaciones o condiciones de existencia. Ahora bien, ¿existen, hoy, situaciones que pueden llevarnos a convencernos de la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida?

Creo que sí. Bastaría con que nos percatáramos de la clase de "callejón sin salida" donde está llegando la humanidad. Bastaría con que intentásemos ahondar en las causas de insatisfacción que, en grado diverso, sufre el hombre contemporáneo.
Y ahora, si estuviésemos convencidos de la necesidad de un nuevo estilo de vida, habría que plantearse: ¿qué es lo que establece o configura un nuevo estilo de vida? Todos tenemos un estilo de vida que viene dado por los valores que en nuestra práctica elegimos como prioritarios. Insistimos en esto de "nuestra práctica" porque el doble juego de valores es moneda corriente en nuestro mundo. El divorcio entre el decir y el hacer, el encubrimiento ideológico, permiten discursos paralelos o contrapuestos a lo que se hace en la realidad.

Buscar un nuevo estilo de vida no consiste exclusiva ni fundamentalmente en producir un cambio individual o grupal en los patrones de consumo. Es un cambio con implicaciones tan globales que no se trata de una transformación estructural únicamente sino, ante todo, de un cambio cultural... Ante nosotros tenemos el reto de crear y de ser protagonistas de una nueva civilización y de un nuevo modo de ser persona.

1) FROMM, Erich: Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. FCE, México, 1956.

Expirado

Agregar capital social a la comunidad

Omar Foglia, Intendente Municipal de Carlos Casares, destacó el aporte de la espiritualidad y de la religión, y el aporte del Estado, tratando de escuchar a la comunidad que tenía problemas, y buscando canales que faciliten la unión de los vecinos. Estas fueron sus palabras:

La importancia de la temática de esta cátedra habla por sí sola. Se la puede observar y analizar desde distintas ópticas, desde distintas visiones, seguramente desde distintos prismas. 

Yo siempre recuerdo cuando me toco asumir la responsabilidad de Intendente Municipal de Carlos Casares. Fue el 19 de abril del año 2002, en plena crisis política, económica, y, fundamentalmente, social, que vivía Carlos Casares y en la que se encontraba inmersa casi toda la Argentina.

Siempre he reconocido el aporte para salir de esa situación de crisis que nos venía desde ámbitos religiosos y relacionados con la espiritualidad. Fue realmente tremendo, porque había una ruptura grandísima de relaciones intervecinales, pero también existía la ruptura de relaciones de los vecinos con las autoridades políticas. 

Por lo tanto, era un momento muy complejo y nuestra primera decisión fue fundamentalmente la de escuchar. A veces cuando los vecinos llegan con problemas o inconvenientes, no están acostumbrados a que se los escuche, y esa fue la primera opción de salida.

Era necesario el aporte de la espiritualidad y de la religión, y el aporte del Estado tratando de escuchar a la comunidad que tenía problemas e inconvenientes, y buscar canales que faciliten la unión de los vecinos. Por eso nos juntamos varios lideres locales y empezamos a pensar en un plan estratégico. 

Veíamos que era el momento de sumar actores sociales a un mismo proyecto y buscar desde ahí la contención. La idea era también recuperar identidad, recuperar el patrimonio, tanto tangible como intangible. 

En Carlos Casares tenemos una fiesta, la Fiesta Nacional del Girasol, y la recuperamos como sentido mítico, para ir recuperando cosas en conjunto; tratamos de ir buscando y aportando soluciones conjuntas.

Nosotros estamos convencidos de que la acción colectiva es lo que distingue a los pueblos, ya que agrega capital social a una comunidad, que es fundamental. Además, participar en ideas y proyectos comunes genera energía y fuerza en una sociedad. Por eso, hemos firmado un nuevo “contrato social”, donde participaron más de 170 instituciones y vecinos de nuestra comunidad.

Quiero terminar con una frase que siempre relaciono con el tema de la acción colectiva, que dice que el que sueña solo, es sólo un sueño, el que sueña con los demás empieza a convertir ese sueño en realidad, y que las utopías compartidas son y serán el motor de nuestra historia.

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CÁTEDRA ABIERTA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL Y CIUDADANA