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Religiones

Buscar acuerdos sin defender privilegios.

Es posible buscar acuerdos entre personas que no defienden privilegios o corporaciones, sino el bien común, como en los encuentros que se concretaron en los ’90 y dieron lugar a publicaciones (foto) y al Foro Ecuménico Social.

Sobre este tema publicó una nota el diario “La Nación”.

En la Argentina en repetidas oportunidades se buscaron acuerdos entre representantes de diversas entidades, sin lograr resultados, porque cada una defendió sus intereses en vez de apuntar al bien común.

La Iglesia Católica también parece una corporación cuando se vincula con esas organizaciones, como en el llamado Diálogo Argentino, durante la crisis del 2002.

Lo reconoció uno de sus impulsores, el obispo emérito Jorge Casaretto, en un reportaje que le hizo “La Nación”, al manifestar que en el país las corporaciones son muy fuertes, tanto las empresariales, sindicales, políticas y de movimientos sociales, por lo cual es un problema lograr acuerdos. Las recomendaciones de esa iniciativa no se implementaron, añadió, porque las corporaciones no ceden en sus propios intereses.

Si bien todavía hay quienes en esa Iglesia actúan con un criterio corporativo, el actual Papa Francisco inició un proceso de cambio, con algunos resultados, aun insuficientes. Cuando era obispo, Jorge Bergoglio fue un ejemplo de líder que caminaba con la gente, al lado de la gente y no de las corporaciones.

Es una larga historia, para muchos que intentamos concretar alguna forma de diálogo. Cuando era periodista del diario “El Cronista”, a fines de los ’80, organicé mesas redondas con obispos, políticos, empresarios y sindicalistas, siempre con el obispo Justo Laguna, que era uno de los que tenían un espíritu más renovador (como Jorge Mejía, Casaretto y otros). Eso dio lugar a los coloquios “Desafío empresario” en la Casa de Encuentros del Obispado de San Isidro, cuando la Iglesia hablaba del “costo social del ajuste” y desde el gobierno menemista se negaba ese daño. Entonces los convoqué a Casaretto, Laguna, a Juan José Llach (secretario de Programación Económica), a economistas de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), con Víctor Savanti (IBM) a la cabeza, varios de los empresarios más importantes, entre ellos Jorge Born, Santiago Soldati, Luis Bameule, Luis Riva, políticos de la Argentina (Gustavo Beliz, José O. Bordón, Federico Storani, Rodolfo Terragno), y del exterior (como Patricio Aylwin, Ricardo Lagos, quienes fueron presidentes de Chile, y Laurent Fabius, primer ministro y luego presidente de la Asamblea Nacional de Francia). También invitamos al Cardenal Mejía, y al politólogo jesuita Jean-Yves Calvez, quienes participaron durante varios años, y al presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña, el jesuita Luciano Mendes de Almeida. No era un diálogo entre representantes de corporaciones, sino entre personas. Un tema recurrente fue la corrupción y se hizo un coloquio sobre Justicia al que se invitó a los jueces Piercamillo Davigo (del proceso italiano “manos limpias”), y Robert Payant (presidente del National Judicial College de los Estados Unidos), y al jesuita Bartolomeo Sorge (que denunció a la mafia siciliana).

Las actividades se hicieron también en París, con Fabius, Calvez, Adalberto Rodríguez Giavarini y otros, hasta 2001. Con la tremenda crisis en la Argentina, se propuso hacer un foro permanente, el Foro Ecuménico Social, presidido por Calvez, de Responsabilidad Social y Ciudadana, primero con un convenio con la Universidad de Georgetown (EEUU), al que se sumaron más de 30 universidades de la Argentina, España e Italia. Congregó a religiosos de distintas confesiones, católicos, judíos bautistas, anglicanos, islámicos, que tuvieron una destacada actividad en la búsqueda de consensos.

Además, a pedido del Papa Francisco y del Cardenal Gianfranco Ravasi, el Foro llevó adelante el llamado “Atrio de los Gentiles”, un espacio de diálogo entre creyentes y no creyentes, en la Argentina y en España, en el cual “economía del bien común” fue un

tema central, con el actual presidente de la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, Stefano Zamagni.

Estos son solo algunos ejemplos de que es posible buscar acuerdos cuando se encuentran personas que no defienden privilegios o corporaciones, sino el bien común. Quizá son pocas, pero el número no importa. Como escribió Borges en “Los Lamed Wufniks”, sobre una antigua creencia judía: “hubo siempre, 36 hombres rectos cuya misión es justificar el mundo ante Dios...Constituyen, sin sospecharlo, los secretos pilares del universo...Son nuestros salvadores y no lo saben”.

                                                                                                                                                                                              Fernando Flores Maio